Juan Avellana un blog intermitentemente literario

A propósito del pez plátano

En su día yo me leí los Nueve cuentos con arrobo y una impresión perdurable y profunda. Yo hubiera querido escribir completamente a la manera de J. D. Salinger, yo hubiera querido escribir, y eso duró años. La otra noche me enteré por el periódico de que Salinger acababa de morirse y terminé poniéndome triste, no sé por qué.

Porque nunca tuve curiosidad alguna por la persona de Salinger; y he aquí, de una parte, aquel hombre remoto, invisible, que parece haber muerto suficientemente viejo, y de esta otra parte su obra, o, mejor, este íntimo eco de su obra.

En otro tiempo yo hubiera explicado esa tensión apelando así o asá a la trascendencia del arte, pero ahora no. Me he hecho el siguiente razonamiento: el acto de narrar sería trascendental con que un solo cuentista contase el caso de su muerte. Y puesto que no es así, al lado de la vida todas esas cosas son un asunto menor. Se ha muerto un hombre, uno.

Después de eso me he vuelto a leer, entre casa y el metro, El hombre que ríe y Para Esmé, con amor y sordidez, y me han producido emoción, un punzante pesar y un hondo, sincero agradecimiento.

Navidades, España, 2009

Todavía no es de noche. No pasa nadie. De lado a lado de la carretera cuelga una guirnalda de lucecitas de azul pálido contra el vivo azul del cielo, menesterosa y tierna.

No pasa nadie. He ahí el mundo, el azul, estos días que son; y este soy yo, repleto de amor por ellos.

Feliz año.

Avellana. Su cuaderno de viaje IX

Un invierno, Avellana se aleja por la llanura cubierta de nieve; un bulto oscuro cada vez más pequeño que se pierde entre la cellisca que se levanta allá a lo lejos, y deja de verse.

Pasa el tiempo; Avellana vuelve tras un largo silencio. Qué ha vivido, qué ha conocido en ese tiempo, no se sabe. Quizá un monasterio en una cumbre desnuda, donde hombres de cabeza pelada recitan murmullos al viento, se alimentan de escaramujos y yerbas y beben sopa fría; quizá haya invernado en un cobertizo que la ventisca hace crujir, comiendo día tras día carne monótona en salazón y durmiendo espesos sueños repletos de recuerdos; quizá haya encontrado flores de cristal en una caverna de paredes fosforescentes, un río subterráneo con venas de un fulgor pálido y unos huesos arcaicos a la entrada; quizá haya llegado a creer que podía vivir para siempre en una aldea de troncos ahumados y nieve barrosa pisada por las cabras, al costado de una mujer rubia y silente; o que haya gastado todas esas tardes en la taberna de un puerto gris donde los aparejos de los barcos se deslíen bajo una lluvia fina; o instalado en una casa de huéspedes, en una ciudad pequeña, junto a la estación, tumbado en una penumbra helada desde la que se oyen, taciturnos, los trenes.

Podría haber sido cualquier cosa; pero lo que es es un silencio blanco, sin límites, peor que cualquier otra.

 

[Avellana: su cuaderno de viaje VIII]

A primeros de octubre

Ayer o anteayer fue la última mañana del largo verano, me parece a mí. Yo la pasé en casa y anoté esto:

El olor del pan tostado.
El sol de la mañana sobre el suelo.
Una casa, una cama.
Un mechón de pelo rubio.
Unas sábanas blancas.
Esta tibieza.

Septiembre

La Puerta del Sol en obras, bajo un sol desvaído, repleta de vecinos y extranjeros; una muchacha, entre la confusión y el polvo, cruza la muchedumbre recogiéndose la falda.

Yo vengo de la calle Mayor, de una librería; he pasado un rato largo leyendo de pie y al final me he traído una antología de haikus bajo el brazo.

Meto el libro en la maleta y me voy de viaje a la isla. Una noche, en medio del camino, un relámpago y el canto del grillo, que no cesa. No hay luna, pero las nubes son de un blanco lechoso contra el cielo oscuro.

Agosto y las ciudades

Ahí están las señales que anuncian la declinación del verano, a mediados de agosto, pero el sol rojizo sigue sofocando las aceras y la ciudad está vacía. Las avenidas se alargan en los atardeceres con un sosiego irreal; el que está solo camina por una ciudad desnuda, pura, de huesos geométricos, extraña y evidente como la arquitectura de un sueño.

*

La calle se llama Andrés Gómez Pingarrón en honor de un animoso artista local. Y ese quién era. Que la llamen calle de Huckleberry Finn, por el amor de Dios.

*

Hay una clase de melancolía que consiste en mirar todas las cosas con anacronía: como si su tiempo ya hubiese sido o como si estuviera, allá a lo lejos, por ser. Mirar las cosas como si se viesen pasar por el andén de enfente.

*

Escribir chorradas es un derecho humano, me digo. Lo censurable es escribirlas con tonillo.

*

Una mañana estaba sentado al sol en un patio, tomando el café del despertar, y me sobrevino unos de esos recuerdos vívidos de la infancia. Quiero decir una de esas regresiones que no son una evocación sino un fugaz volver a ser, como un relámpago. Recordé cómo vivía en la seguridad metafísica: yo era y el mundo era en toda plenitud, sin duda, sin la imaginación de una duda, sin merma. Algo tan grande y vuelvo al café y al sol y al patio y lo he perdido.

*

Ni siquiera el amor, que todo lo puede, puede asegurar lo que será. El amor asegura lo que es, que ya es bastante. Dicho de otro modo: al amor le preguntas «¿serás?», y has de oír que grande, el verdadero amor, te contesta «soy». Como respondería un mortal.

Esa cosa tremenda crees haber aprendido sobre el amor, con los años.

*

Ocurra lo que ocurra, debería conservar siempre una voluntad hermosa. Que no se me olvide.

*

Paso unos días en mi otra ciudad. Veo que se lleva pintar las casas de color mierda. Mierda claro, mierda oscuro, albero mierda, verde mierda, rosa mierda, y así. Qué curioso.

*

Voy a visitar a Paco y a Rosario. Echo la tarde sentado en su salón a oscuras y ellos me cuentan sus cosas y yo los veo ahí, cercados por la enfermedad y las circunstancias, como si achicasen agua de una barca vieja. A primera vista parece una pelea trágica, sin esperanza. Pero no, es épica: es como pelean los defensores de la ciudad sitiada, por un deber natural, sin hacer cuenta de la esperanza. Morir matando. O, con más propiedad, morir viviendo.

*

Hace años que mi madre tomó la costumbre de venir a despedirme al bus, a la estación. Ella me dice adiós con la mano hasta que dejo de verla; el bus da media vuelta a la estación para enfilar la rampa de salida, y ahí junto a la rampa está mi madre ahora, adiós, adiós. Siempre hacemos lo mismo.

Pero esta vez el autobús se detiene por algún motivo y yo la veo de espaldas, toda apresurada, atajando por los andenes para salir a tiempo al otro lado. Así que esta es la tramoya secreta que hay detrás del cariño, madre. Adiós, adiós, hasta pronto.

*

A finales de mes, a la ciudad empieza a volver el movimiento, como revive un brazo que se había dormido. Esta noche, en la Plaza del Ángel hay luces de colores tras los cristales, un saxofonista, grupos de amigos en las terrazas, paseantes, unos jóvenes que charlan con un negro que vende sus cuadros en la calle y ríen. Sopla una brisa caliente y la ciudad me parece perfecta, y la vida también, por un instante.

Dios mío, está lleno de estrellas

He sabido que las tres estrellas que forman el Triángulo de Verano son Vega, Deneb y Altaír.

Eso he sabido. He ahí la noche estrellada; ahí, en la boca, la palabra del nombre. Altaír, Deneb, Vega; tal es la gloria del mundo.

 

[My God, it's full of stars!]

[Todo está lleno de estrellas]

Noche de San Juan

Yo me figuro junio como un prado suave que va subiendo subiendo hasta la noche de San Juan, que es lo más alto. Desde ahí se ve pendiente abajo el verano, que se extiende hacia lo lejos. Yo, que he tenido mis noches de San Juan extrañas, miríficas o temibles, esta noche me doy cuenta de que ya no espero de la magia. Estaba por decir que los años me han hecho dar el paso de aceptar la necesidad del mundo; pero lo que quiero expresar de verdad va más allá y sólo lo puedo intentar mediante una metáfora. Es que en los anales de la magia no se ha sabido nunca de un hechizo que volviese bueno a un hombre, por poner un ejemplo.

Es una metáfora, ya digo, de lo que la magia no hace; a algo de eso me refiero. De todos modos, sigue siendo una noche hermosa y corta, y hay fuegos, canciones y poemas. Ojalá estuviese cerca de una playa.

 

[Noches II]

[Una historia antigua]

Mayo

A estas alturas del mes de mayo la luz se alarga en el cielo como si ya fuese verano. Hace dos o tres días me quedé entredormido en mi habitación, al atardecer. Pasaba de un sueño a otro. Quería fumar, pero me había dejado el tabaco en otro sueño. Cuando me desperté, por la ventana abierta todavía entraba un leve resplandor fantasmagórico, como la luz de un recuerdo. Seguí en la cama un rato y por fin se hizo de noche. Eso fue hace un par de tardes, antes de que volviese la lluvia.

Abril

En mi vagón del metro va una pareja hermosa, de treinta y muchos. Llevan un cochecito de niño con su niño dentro, redondo y blanco como un pan. Los dos lo miran con un aire maravillado, como si se lo hubiesen encontrado en el bosque hace un rato.

*

Le dan el Pritzker al arquitecto Peter Zumthor y dice la crónica que él suele repetir una frase de William Carlos Williams: «No hay ideas más que en las cosas». Me topo con ese deslumbre y es como si me fuese a caer de culo. Cuatro días después, sigo sin saber razonada, exactamente por qué. Pasa lo mismo con los amores, me digo, y la demora de la razón no es ningún problema sino un aliciente.

*

Hablando de amores, estaba pensando que uno puede decir de una mujer, con verdad: «Incluso este dolor de ahora es mejor que no haberla tenido nunca». Y al formularlo me doy cuenta de que es una cosa tremenda, altísima. Lo que vale una mujer y lo que vale un amor. Y sigo ahí sentado con la idea entre las manos, en una cafetería, sintiendo ese poco de vergüenza del ingenuo que descubre, ¡a estas alturas!, algo que debería haber sabido mucho antes.

*

Hace cosa de un mes y pico iba yo a la hora de comer por una callecita antigua del centro y pasé al lado de una floristería. Como es costumbre, habían sacado las plantas de la tienda a la acera. En una maceta había un almendro joven, en equilibrio, delicadamente florecido. Me paré a mirarlo bien, me leí la etiqueta, lo olisqueé y me aparté. Entonces apareció una mujer e hizo justo lo mismo que yo había hecho: se paró delante del árbol, lo remiró arriba y abajo, se leyó la etiqueta y se alejó un poco para contemplarlo con perspectiva, mientras yo la miraba hacer a ella. Cuando terminó, se volvió hacia mí y me dijo, con todo sentimiento: «Qué hermosura, por Dios». Yo le sonreí con toda la simpatía de mi corazón y le contesté, «sí», y los dos seguimos nuestro camino.

Ayer volví a pasar por delante de la floristería y ya no estaba el árbol. Había rosales, verbenas, francesillas, plantas florecidas y sin flores, con un olor riquísimo de fronda mojada, pero no el árbol. El caso es que ayer me acordé de aquel encuentro y me entraron ganas de contarlo, ayer que no había árbol y la calle estaba vacía.

almargen

España

Si hubiese que empezar por algún lado, yo diría que España es un país espasmódico.

Climatología

Releo mis posts de los últimos tiempos y noto que hablo mucho del tiempo, como la gente en los ascensores. Sin embargo, parece que hay un sentido, no sé.

Como otras veces, acabo preguntándome si será un síntoma de estupidez o de pureza.

Julio

Junto al mar, una mujer sale del agua, con los labios salados y la lengua dulce.

Presas

Vida de prisionera en España. Diecisiete reclusas hablan desde la calle, titula hoy la portada de El País. Lo que me hace pensar, contemplando el hundimiento del periódico que un día fue un proyecto ilustrado, que la estupidez comienza y acaba en el mismo sitio: en no llamar a las cosas por su nombre.

prisionero, ra.
1. m. y f. Militar u otra persona que en campaña cae en poder del enemigo.
2. m. y f. Persona que está presa, generalmente por causas que no son delito.
3. m. y f. Persona que está dominada por un afecto o pasión.
(DRAE)

Sólo defenderse

El hombre que mató a Liberty Valance expone poderosamente el problema de defenderse mediante la fuerza o mediante la ley. Hace poco volví a verla y me pareció una discusión anticuada: en los días de nuestra democracia, el problema es encontrar a alguien que quiera defenderse.

Una fotografía histórica

El 5 de junio pasado Barack Obama acababa de ganarse la nominación como candidato y yo me encontré esta fotografía a cinco columnas en la portada de El País. Tuve la rara sensación de que estaba viendo de una de esas imágenes que marcan una época, pero uno nunca sabe. Hoy sé.

Mi medida

Dice la máquina que el día 3 de este mes había publicado 365 posts en este blog. Eso quiere decir que me ha llevado cinco años y pico lo que a un bloguero estándar le hubiese llevado justamente uno. La máquina ha tomado la medida exacta de mi inoperancia.

Experiencia

La experiencia es la gran maestra. Pero toma solo algunos alumnos, según parece.

Antiestigia

De un tiempo acá, tengo la sensación de que una ninfa me hubiese sumergido en el agua y me hubiese vuelto vulnerable por todas partes, excepto quizá el talón.

Una danza

De este cuento de aquí abajo, Stardust, han hecho una película. La simpatía definitiva por una persona o una cosa puede empezar por el detalle más nimio. Esta película, por ejemplo, me estaba pareciendo una historia divertida y bien contada, cuando dos personajes se marcaron un baile, en la cubierta de un barco, a la luz de las antorchas, mientras en un gramófono sonaba esta música que es un viejo capricho mío, y así me encariñé:

Sin flash Antonín Dvořák, Danzas eslavas. N.º 6, op. 46,6.

Stardust

Uno lee: «Voy a decirte tres cosas verdaderas. Dos de ellas te las diré ahora, y la última es para cuando más la necesites. Tendrás que juzgar por ti mismo cuándo será eso», y recuerda de pronto cómo eran los cuentos.

[Stardust, Neil Gaiman.]

Oído por ahí II

En la barra de un bar de copas, a las dos o las tres de la mañana, una voz dice: «Yo era un veterano de guerra hasta que me enamoré».

[Oído por ahí I]

Iluminaciones

En el post anterior usé la palabra iluminación, en primer lugar, porque quería significar literalmente una impresión de luz, pero la culpa de que no me haya ahorrado su peso connotativo es la cercanía de esta frase feliz de Félix de Azúa en el prólogo a la edición italiana de su Diccionario de las Artes: «Este diccionario es un montaje de iluminaciones discontinuas». Ojalá se me hubiera ocurrido a mí y pudiese decirla con verdad, qué sé yo, de esta misma página (o de mi vida, ya que estamos).

Por lo demás, y como era de esperar, recomiendo encarecidamente el prólogo entero.

Los libros antiguos

Los libros antiguos de los hindúes dictan como regla que los recién casados, en el anochecer del día de su matrimonio, deben sentarse juntos y en silencio hasta que empiecen a titilar las estrellas en el cielo (...).

[Sir James George Frazer, La rama dorada. Traducción de Elizabeth y Tadeo I. Campuzano.]

Un momento cumbre

Los españoles estamos viviendo en estos tiempos una de las etapas más cómicas de nuestra democracia. Ya sé que andamos demasiado preocupados por otras cosas para verle ahora mismo la gracia, pero así es.

Periodistas

Por supuesto, en España hay periodistas probos. Yo incluso tengo amigos periodistas. De hecho, uno de mis mejores amigos es periodista.

Cine

Las razones por las que el cine español es un fracaso artístico y económico están todas en esta carta de Álex de la Iglesia. Involuntariamente, por supuesto.

Receta

He descubierto la receta para ser una persona normal: tener un poco de todo, no tener mucho de nada y nada en absoluto de un par de cosas.

Distancia

La distancia sideral entre este significante, mostrenco —de las palabras más pesadas y torpes de la lengua— y su primer significado:

1. adj. coloq. Dicho de una persona: Que no tiene casa ni hogar, ni señor o amo conocido. U. t. c. s. (DRAE)

¡Qué buen nombre para un barco!

Espada

El año ha empezado con el fin del blog de Arcadi Espada, es decir, con el final de una época. En internet no duran los duelos; por suerte, Espada ha dejado una dirección donde seguir su rastro,
http://www.arcadiespada.es/

Allí he visto esta mañana uno de los artículos más interesantes que he leído en los últimos tiempos, tanto por la parte del tema —la decadencia del espacio público— como por los márgenes: la fotografía vernácula, la narración del mundo, etc, etc. Muy bueno.

Encuentros

Quedo con una amiga a la que no veo desde hace años, llenos de peripecias y de cambios, y lo que más me sorprende es que nada ha cambiado.

La razón es que los dos perseveramos, a través de los años, en una profundísima inocencia. Se me ocurre de vuelta a casa, intrigado y alegre.

Primer al margen

Bueno, tenía que cambiar la apariencia del blog algún día; como ese día nunca llegaba, al final lo he sacado sin acabar, con tal que salga de una vez. A ver si lo termino pronto.

Iba a dar ahora la razón de esta columna que he puesto aquí: pero se me ha ocurrido que si no explica ella sola su función según se vaya llenando, mala cosa.

Fotografía del mar un día nublado de invierno, con la costa al fondo Foto en blanco y negro de un vagón de metro Pictograma de un tren llorando Fotografía de Emilio G. Un hombre tocando el contrabajo The El reflejo de la Tierra en la escafandra de un astronauta Un arbolillo muy delgado con unos minúsculos brotes verdes La silueta del tronco y una rama de árbol, muy delgadosCalle de Madrid al atardecerTrabajadora de la industria aeronáutica comprobando montajes eléctricos (1942)Logo que recuerda a una avellana
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