A mitad de la vida
nacer de nuevo,
y vivir sin teorías
y sin sueños.
Un blog literario*
A mitad de la vida
nacer de nuevo,
y vivir sin teorías
y sin sueños.
Hay un pasaje memorable en el capítulo sexto [de El desierto de los tártaros], en el que se describe a Drogo, dormido, mientras sueña con el viaje interminable que él mismo es incapaz de imaginar. «¿Queda aún mucho? No, basta con atravesar aquel río de allá al fondo, con franquear aquellas verdes colinas (...). Detrás de aquel río
—dirá la gente—, diez kilómetros más y habrás llegado. Pero nunca se acaba».
Tendido en el camastro, fuera del halo de la lámpara de petróleo, mientras fantaseaba sobre su propia vida, a Giovanni Drogo le asaltó repentinamente el sueño. Y mientras tanto, precisamente esa noche —oh, si lo hubiera sabido, quizá no habría tenido ganas de dormir—, precisamente esa noche comenzaba para él la irreparable fuga del tiempo.
Hasta entonces había avanzado por la despreocupada edad de la primera juventud, un camino que de niño parece infinito, por el que los años transcurren lentos y con paso ligero, de modo que nadie nota su marcha. Se camina plácidamente, mirando con curiosidad alrededor, no hay ninguna necesidad de apresurarse, nadie nos hostiga por detrás y nadie nos espera, también los compañeros avanzan sin aprensiones, parándose a menudo a bromear. Desde las casas, en las puertas, las personas mayores saludan benignas y hacen gestos indicando el horizonte con sonrisas de inteligencia; así el corazón empieza a latir con heroicos y tiernos deseos, se saborea la víspera de las cosas maravillosas que se esperan más adelante; aún no se ven, no, pero, es seguro, absolutamente seguro, que un día llegaremos a ellas. [Sigue...]
Como cuando era niño,
me has puesto en este laberinto
a resolver una tarea desconocida.
A ratos me distraigo.
A ratos me siento al borde del camino.
No sé si me lo has dicho y lo he olvidado,
si no presté atención mientras me hablabas.
Cae la tarde. Azules, blancas,
las nubes deshebradas en el cielo.
El crepúsculo de piedra parece decir algo.
No sé volver donde el último estanque.
No oigo, o no entiendo, o me he dormido.
Las hojas están quietas. Luego vendrá la noche.
Te esperaré sentado.