Avellana

Un blog literario*

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hoy
30.9.05
La Farmacopea 
En el país de Hiate, una civilización perdida dejó tras de sí un amplio edificio porticado en medio de una planicie de tierra roja. Sus dos plantas son escombros, pero la maravilla de estas ruinas es una vasta sala subterránea en forma de almendra que llaman la Farmacopea. Allí, una sucesión de casilleros regulares se alarga y se alza desde los suelos al techo, en filas incontables y columnas, hasta cubrir por entero las paredes suavemente cóncavas de la nave. En cada casillero hay una clase de sustancia única dentro de un sobre de papel amarillento: polvos, yerbas, obleas, barros, aceites, pomadas, semillas, resinas, cápsulas, arenas, tinturas, arropes, de un solo color puro o sin color, abigarradas, irisadas, tornadizas o translúcidas, ligeras, espesas, terrosas o pétreas. De la primera a la última, completamente ignotas. Ninguna señal predice la virtud de cada sobre.
Los viajeros llegan a la explanada ante el pórtico desmoronado del edificio y se paran. En ese mismo lugar vivaquean o acampan durante noches, semanas, meses; el tiempo que necesite cada uno. Encienden hogueras, se dan a probar sabores de sus tierras, se cuentan historias del camino, razonan. En un momento dado, un hombre se levanta, cruza la puerta del templo y baja a la Farmacopea; se dirige a uno de los casilleros y usa en sí mismo la sustancia según el modo y la medida que le avise su corazón o su cálculo o sus sueños. Todo el mundo sabe que algunas veces alguien ha regresado del subterráneo con una luz en los ojos nunca vista.
Una compañía de hombres bondadosos baja una o dos veces por semana a retirar a los que no pueden moverse y a los muertos.
Juan Avellana | 6:58 PM | URL# de este post | 
22.9.05
En el parque II 
La pregunta con que acababa mi post anterior no quería ser retórica. De verdad me pregunto si existirá algún dispositivo que sirva para salvar la soledad de la conciencia.
Existe un abismo de vacío entre el sujeto y los objetos. Una diferencia gramatical que se corresponde con una barrera ontológica, sólo que en la gramática del ser los pronombres no son intercambiables. Nadie puede decir yo más que yo; en el lugar del sujeto se encuentra siempre una conciencia a solas, un fuego. Me imagino que otros viven, lo sé. Eso son dos operaciones mentales. La conciencia arde.
El amor es capaz de abolir esa distancia, todos lo sabemos; pero yo estoy pensando en un artefacto. ¿Es la escritura ese dispositivo? No lo sé. Hace años me encontré una frase de Jorge Semprún que decía, al hilo de su relato del campo de concentración, que la verdad esencial de la experiencia no era transmisible, excepto —él hacía esta salvedad— por medio de la escritura literaria. La primera parte de la frase me abrió los ojos desde entonces hasta hoy sobre algo que desconocía pero que ya me pesaba. La verdad de la segunda parte de la frase aún no la he decidido. Lo que sí creo —lo que pensé la otra tarde y las siguientes en el parque— es que la escritura sirve para enjuagar esa ausencia. La escritura alcanza a mostrar el hueco que media entre vivir y ver vivir. Al menos, pienso, la literatura proporciona ese consuelo y concede esa posibilidad de comprensión.

[En el parque I]

[Jorge Semprún, La escritura o la vida (Tusquets).]
Juan Avellana | 9:15 PM | URL# de este post | 
15.9.05
En el parque 
Tengo una cámara en la mano, pero con una fotografía no puedo contar la verdad de la tarde. Está el espejeo del agua del canal, las sombras inquietas de los árboles, el último sol en la hierba y todas las demás cosas que se ven. Luego las campanas, la grava del sendero, el temblor de las hojas, un pato que grazna como si se riera. Y el olor dulzón de los prados sin lluvia. El soplo del aire, la tibieza de un día del final del verano, la palpitación de mi cuerpo, y mis pensamientos, que van juntos con los otros restos de la tarde. Ese instante de vacío en el mundo cuando un verano se pierde, esa luz de oro. Y está mi carne, mi conciencia.
Como quien pasa a las manos de otro un animal vivo ¿habrá modo de dar eso a una persona?
Juan Avellana | 2:02 PM | URL# de este post | 
9.9.05
Belleza lógica 



¿Cómo no seguir por esta calle, cuando es el camino el que te sale al paso? ¿Se puede no seguir a donde lleva la lógica, una vez que uno la ha encontrado?
Juan Avellana | 9:12 PM | URL# de este post | 
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