Madrid

Los últimos callejones de Madrid acaban en los campos. Son llanuras ocres y grises, ondulaciones ásperas que llegan hasta el horizonte y en las que se espesan fácilmente las espigas. Una tierra seca bajo una luz pura. 

Aquí, a solas, de pronto creo que la comprendo. Madrid es estos campos terregosos a los que se les ha superpuesto el fantasma desvanecido de una ciudad. El trazado de las calles sube y baja repechos y lomas, la autopista está dibujada sobre el antiguo cauce de un arroyo, una avenida traslúcida sigue la hilera de bardas entre dos parcelas. La silueta incandescente de las cañas resecas, dorada y roja, resplandece a contrasol igual en un sembrado que en una cuneta.

Ahora entiendo que la verdad de Madrid es esta tierra callada sobre la que flota el espejismo y que la ciudad y los todos los que vivimos en ella mereceremos un día haber sido un sueño.

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Comentarios

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No sabía qué era una "barda". Me he ido a la RAE y, además de enterarme de que puede ser maleza, he encontrado otra acepción: "Nubarrón oscuro, alargado y de mal aspecto, que sobresale pegado al horizonte". También me cuadraba mucho con la descripción tuya: Madrid como un estado de ánimo, a veces apocalíptico.

Muy evocadora tu percepción. ¿Cómo expresaría yo ese trazado de fronteras y barreras que (nos)separa por todas partes, que ya no franqueas por no hacer más kilómetros de los necesarios para alcanzar la pasarela? ¿Esos kilómetros de autovías que hacen insalvable la comunicación entre dos barrios o dos zonas? ¿Y la ansiedad que me produce este pedregal asfaltado? ¿Y los rios cegados? ¿Y los árboles domesticados, encarcelados en sus parques? ¡Añoro el salvaje jurásico!

Jo, perdona, me has extraído un no sé qué que me produce esta ciudad.

*

Me sonrío para mí porque has enumerado exactamente mis propias sensaciones cuando ando por esos límites.
Yo ya me vine a Madrid mayorcito, de modo que algunas partes del carácter les tenía formadas: y creo que nunca se me harán a la ciudad. Muchas veces me quedo mirando la ciudad como tú dices, con una asombrada sensación de irrealidad, de preternaturalidad.
Pienso: «En qué sitio más extraño vivo, joder».
Bueno, pues todo eso tú lo has expresado como es :)

*

Me sonrío a mi vez.

*

Ya perdonaréis la irrupción. ¿Recordáis que hace unos años estuvieron a punto de construir Grand Scala en Los Monegros?.

No quiero obcecarme con ellos, con Los Monegros, ya que solo conozco más o menos bien una pequeña parte, la que visito e incluso fotografío, pero hubiera sido algo parecido a lo que vosotros describis. ¿Cómo hacer una ciudad de 60.000 habitantes en un pedregal? Bueno, Madrid parece que es, en cierta manera así. Baroja habla de los alrededores de Madrid en La busca, creo recordar.

Los Monegros, en contra de lo que se suele pensar, no es un desierto clásico, sino más bien una estepa. Para mí ya es, desde hace años, un paisaje "natural", visual y emotivamente, un paisaje de interior, tan diferente al que miro y veo cuando voy a Gijón, a Santander o a Altafulla , ya en el Mediterráneo, pero imagino la impresión que le podría causar a un noruego. Geólogo, o urbanista.

Un abrazo

*

Nunca he estado en Los Monegros; lo que sé de ello es por fotos, como las tuyas. A mí, que me crié en el norte, me impresiona mucho. Es de esos paisajes que se me presentan naturalmente irreales, o, mejor dicho, sobrerreales, casi como un escenario lleno por sí mismo de significado (lo que se me ha venido a la cabeza espontáneamente cuando intentaba explicarme ha sido "Stromboli", la película de Rossellini). Sobre todo, cuando pones sobre él las señas de la vida humana.

*

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