La otra vida

En Luciena, pueblo de pescadores, los niños vienen al mundo con recuerdos. El recién nacido abre los ojos con una especie de estupor triste, como despierto de un cálido sueño. Quién sabe de qué mansiones y jardines de su vida anterior acaba de descender a este pobre lugar ignoto.

La región es fría y seca la mayor parte del año. Una costa quebrada de playas pedregosas peinadas incesantemente por un viento salobre. La vegetación es rala y baja; el tiempo, desapacible y tornadizo, lo que hace muy peligroso el oficio de la pesca.

El niño crece jugando entre las barcas. Silba canciones de pescadores, persigue a los gatos, dibuja su nombre en una hoja. Se queda mirando a las mujeres que arreglan las redes y les oye contar la historia del pájaro de oro. Aprende que le gustan el té amargo y los cangrejos. Tiene dos camisas, una azul marino y otra blanca. Los recuerdos de una vida anterior se alejan, desdibujados: delante de él se presenta el verano, un perro blanco, el vino, una cometa, su propio hijo con los ojos muy abiertos, el camino de grava que lleva a su casa. Todas estas imágenes se van impresionando en su cabeza, hasta que un día, no mucho antes de morir, ya le queda sola esta vida de aquí, la que vive ahora, la única que le importa.

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Comentarios

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Avellana, no quiero darte coba, pero ¡qué sencillo y qué bonito!

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¡Ah, qué bien! :) Me alegro de que me lo digas. ¡Gracias, Marisa!

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A mí también me ha gustado no mucho, muchísimo. Qué ideas tienes: nacer con una vida e ir olvidándola mientras vivimos hasta morir sólo con la memoria de la última. Eres la hostia, Avellana. Es un placer y una inspiración leerte. Un abrazo fuerte.

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Hola, Jesús. Me das un alegrón enorme! Antes —cuando los blogs eran jóvenes— hablábamos mucho más, ¿verdad? Me alegro de corazón de saludarte. Un abrazo muy fuerte.

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Para vivir debemos olvidar muchas cosas y fingir otras muchas, si pones mucho empeño, si de verdad llegas a creerte aquello que construyes, entonces puedes atisbar algo parecido a la felicidad...

Un texto muy lindo, gracias por compartirlo.

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Muchas gracias a ti, Beauseant. Un abrazo!

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