Hoy (mejor dicho, el martes 15 de julio que acaba de terminar) ha escrito Hermann Tertsch en El Pa�s uno de los art�culos m�s hermosos y necesarios que yo haya le�do en estos �ltimos a�os. Trata de las muertes de Srebrenica y de nosotros. Habla de la memoria, de los principios morales y del coraje para defenderlos.
Tertsch se sirve de una imagen para enhilar su discurso: la del poeta Jaroslav Seifert volviendo a ver en sue�os a un amigo asesinado durante la ocupaci�n nazi: �Ve�a los gestos familiares de sus manos, pero cuando quer�a dirigirme a �l, se marchaba hacia su oscuridad�, escrib�a Seifert. Y luego: �No soy muy riguroso cuando digo que los muertos vienen a nosotros. No es as�. Eso es un enga�o que nos hacemos porque en realidad somos nosotros los que vamos hacia ellos. Cada d�a estamos m�s cerca. Un d�a engrosaremos sus filas y entraremos en los sue�os de quienes dejamos atr�s�.
Es un pensamiento delicado, extra�o y verdadero. En todo caso, el art�culo no trata de Seifert y de su memoria. Trata de pol�tica. Y Tertsch acaba as�, con esta advertencia que yo procurar� recordar: �Si no logramos creer lo suficiente en nuestra identidad como seres libres y sociedades abiertas, seremos incapaces de frenar a quienes saben muy bien ser enemigos con causa, y si nadie entre nosotros, ciudadanos libres en la sociedad humana m�s pr�spera y piadosa jam�s habida, es capaz y est� dispuesto a sacrificarse por ella, es probable que hayamos definitivamente perdido el derecho a vivir en ella�.

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