La hierbadiosa o mer�a

Los marineros y la gente del puerto de esta ciudad aseguran que quien sabe encaminar sus preguntas acaba encontrando alg�n vendedor de hierbadiosa, o mer�a, con la que se hace una infusi�n muy deseable. Esta no es especialmente fragante, y a la vista tiene un aspecto aguanoso y del todo com�n. Quien la toma nota pronto un calor repentino e intenso en los pies, el rostro y las manos, y a continuaci�n una sacudida brutal de placer en su sexo que dura m�s o menos tiempo seg�n la virtud de la yerba, pero que en todo caso supera al del coito. Dicen adem�s que la sensaci�n es algo distinta, aunque no se aclara de qu� modo. El hombre o la mujer que la ha tomado queda descoyuntado por el placer, y de nada recibe m�s gusto entonces que de permanecer por un rato en el mismo sitio, reposando.
No parece hacer una opini�n razonable acerca de cu�l sea su precio. Quienes reconocen haberla probado, mientras lo cuentan recuerdan para s� y sonr�en, como aquel que est� iniciado en un secreto.


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