Si la cosa est� yo estoy aqu�

La literatura que a m� me gustar�a escribir, en su forma m�s pura, es esa que practican los ni�os cuando se�alan con el dedo, durante el tiempo en que a�n no hablan. �Los hab�is mirado? Ellos ven la cosa �la que brilla, la que suena, la que est�, la cosa alta, la lisa, la naranja� y la se�alan. Uno, hecho a los gestos del adulto, se pregunta qu� quieren de la cosa, pero no quieren nada. Es solamente que la cosa es, y es de ese modo, ah�. Una literatura de la ostensi�n. Una celebraci�n de la cosa, y a la vez del ni�o. Si la cosa est� ah� yo estoy aqu�.
Escribir de ese modo ser�a como dar con un camino de vuelta. Porque yo soy ya un habitante de una dimensi�n teleol�gica. Mi mundo es una trama de porqu�s. No se puede escribir pan luz agua mujer piedra, y ni siquiera he ah� una mujer agua como la luz y la piedra, casi ni una mujer sentada sobre la piedra inclina la cara sobre la luz del agua, sino que al escribir hay que ahondar su porqu�.
Si no, no vale. Si dices �aulaga� a un compa�ero silencioso, �l se volver� y te preguntar� por qu� lo dices. Por nada, respondes. Pero se supone que lo dices para algo, no como un ni�o, no para manifestar la aulaga, su olor silvestre o su recuerdo, no para revelarla y celebrarla. La palabra no es una epifan�a. Se dice por una raz�n. Viene al caso.
Es m�s, parece que en eso consiste precisamente la literatura, en llegar al sitio de donde a m� me gustar�a partir. La mejor literatura es una soberbia construcci�n que acaba manifestando de la profunda verdad de lo presente.
Qu� rodeo m�s largo; tanto trabajo para demostrar las cosas, las simples cosas que est�n ah� y que ya no comprendemos con que nos sean, sencillamente, mostradas.


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