Siendo todav�a un ni�o, a Aquiles se le revelaron en una sola noche los detalles de una �pera luminosa que pens� en llamar La Gran Tortuga, porque �l se representaba este animal acorazado como el emblema del tiempo.
Primero debi� terminar sus estudios, y despu�s complet� su formaci�n musical durante seis a�os. Busc� un lugar donde vivir y sentarse a componer su obra; entonces tuvo que meterse a dar clases de piano, una ocupaci�n enojosa y mal pagada que estorbaba su verdadero trabajo, pero que a cambio le depar� por ventura una mujer de ojos brillantes por la que comprendi� que hasta entonces hab�a vivido desnudo. Fue un tiempo inacabado y feliz. Una de aquellas noches, Aquiles empez� a ver disminuida la figura de su tortuga, como un objeto que se aleja.
Necesitaban una casa donde estar juntos, de modo que los dos decidieron estudiar para un empleo tranquilo. Aquiles supo una ma�ana de junio que ser�a padre de un ni�o, y luego otros, que romp�an a llorar de madrugada, crec�an, sanaban y sumaban y se sentaban al piano de una casa cada vez m�s grande y bulliciosa. A la hora del sue�o, acostado, Aquiles distingu�a a veces la imagen min�scula de la tortuga contra el horizonte, siempre m�s lejos, cuando le hab�a parecido tan cercana.
El resto de la historia es bien conocido; m�s o menos como la cuenta Zen�

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