Avellana

Un blog literario*

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30.1.04
Enero 

Solo en su alcorque
—sueño de flores—
calla el ciruelo.

Juan Avellana | 3:48 PM | URL# de este post | 
27.1.04
Pescador 
Me llama Blaise en un comentario «marin en terre», pero la verdad es que me queda grande. Para empezar, yo me mareo como un perro.
Aunque no es la primera vez; en mi barrio, con diecisiete o dieciocho años, solían confundirme con un pescador: alguno de mi edad que debía de parecérseme tanto como para que sus conocidos se dirigiesen a mí en plena calle, o para que insistieran en invitarme en los bares. Acabé acostumbrándome, y respondía con mucha soltura. Me hacía gracia. Una vez engañé a unas muchachitas preciosas, pero por nada a cambio; solo porque me dio pena desilusionarlas.
No sabía quién era el otro o qué aspecto tenía. Tampoco hice mucho por resolver el misterio, porque me imaginaba que acabaría cruzándomelo por el barrio, que no era tan grande. Pero nunca lo vi. O sí; igual nos miramos un día en medio de la calle y fuimos los únicos en no reconocernos.
A partir de entonces, los dos habremos trabajado de madrugada hasta el alba y pasado mucho tiempo fuera de casa; los dos habremos tenido en algún momento a una novia muy lejos. Por lo demás, él se habrá llevado la incertidumbre, el frío, el olor del gasóleo, el carácter supersticioso y la costumbre del silencio. Yo los libros y la lengua, las dioptrías, los autocares nocturnos, las historias tejidas de palabras y esta otra red. No sé. Me gustaría encontrármelo un día. Le preguntaría si ha valido la pena.
Juan Avellana | 5:33 PM | URL# de este post | 
24.1.04
Marina II 
Nací junto al mar, y él me prendió entonces con un sedal muy largo. Me fui. Cuando él quiera, cobrará el hilo, y yo desharé todo lo andado.
Juan Avellana | 12:00 AM | URL# de este post | 
21.1.04
Marina  
Nada más triste que esas ciudades de las que ha huido el mar. Te enseñan un cantil derruido y te dicen: «Mira, eso era el muelle». O «en ese hierro amarraban los barcos». O te señalan la línea antigua de la orilla, que ahora es un rastro calizo. A veces se ven costillares de barcos sobre el polvo; otras veces los esqueletos son más melancólicos, como paseos embaldosados, barandillas o faroles despintados.
Qué decirles. Sólo puedes desviar la vista hacia el suelo y agitar pesadamente la cabeza. Pobre ciudad, destinada al olvido.
Juan Avellana | 12:43 AM | URL# de este post | 
17.1.04
Una elección 
En una parada del metro suben un padre y una hija y vienen a colocarse a mi lado. Él es alto, joven todavía, con traje oscuro y portafolios de piel, un aire un poco estirado. La niña tendrá como siete u ocho años, y encima del uniforme del colegio lleva un abrigo azul marino muy formal.
Son las ocho y pico de la mañana y el vagón está atestado de gente recién levantada, camino de sus ocupaciones. El padre y la niña van hablando, y yo no les presto atención hasta que veo que la niña le muestra a su padre unos caramelitos de colores en la palma de su mano. Eleva un poco la mano para que los cuatro caramelos queden bien a la vista del padre. «Escoge uno —le dice. Pero él se queda quieto, de modo que la niña insiste—: Anda, escoge». «Da igual —responde el padre—; dame uno». La niña tiene muy abierta la mano, con la palma casi convexa. Entonces habla con una voz repentinamente seria: «Decide. Tienes que escoger uno de los colores». Y mira hacia arriba, directamente a los ojos del padre. El vagón se detiene en una parada; se acallan los murmullos de la gente. Amarillo, verde, rosa, morado. «Coge uno —pienso yo—. Cógelo». El padre, muy despacio, se mueve por fin y toma uno de los caramelos. «Ese has escogido. Muy bien», dice serena, con todo aplomo. Y es como si otra voz hablase por la voz de la niña. Pero he aquí que ella se sonríe, la sonrisa le alumbra toda la cara —tiene ocho años—, la escena se deshace y el vagón arranca de nuevo.
Juan Avellana | 3:14 AM | URL# de este post | 
12.1.04
El tercer estado 
Salado, dulce, amargo, agrio, umami. Sólido, líquido, gaseoso, plasma. Verdad, mentira, literatura.
Juan Avellana | 10:44 PM | URL# de este post | 
10.1.04
Postpost 
Quizá en relación con el valor que se les concede hoy a los estudios de postgrado, cada vez más personas cursan su postadolescencia, una extensión de la adolescencia que la alarga bastante más allá de la edad adulta del cuerpo y la lleva a un exquisito perfeccionamiento.
Juan Avellana | 1:57 AM | URL# de este post | 
6.1.04
Noche de Reyes 
Por el centro de la ciudad las tiendas están desmontando la Navidad sin contemplaciones, como si fuese una escenografía. En la calle Preciados, esta madrugada gélida, una pareja toca piezas para violín y piano o para piano solo, rodeados de unos cuantos rezagados que los observan de pie, ateridos, escuchando con atención y en silencio. Unos operarios descuelgan las luces, entran y salen empleados de los comercios que preparan las rebajas. Hay embalajes de cartón y montones de papel tirados por el suelo. La muchacha hace correr los dedos con mitones sobre un órgano Yamaha; él toca el violín, o descansa. El perro de un guarda jurado se enfada por algo y rompe a ladrar. Hace mucho frío. Es la una y pico de la mañana. Los espectadores hacemos corro, inmóviles, sujetos y fascinados por el poder de la música.
De pronto pienso que esta escena onírica y destartalada es la única estampa navideña verdadera que he visto este año. Luego vengo a casa, enciendo el ordenador a pesar de la pereza y me pongo a escribir este post porque siento, no sé por qué, que es la parte de trabajo que a mí me toca esta noche.

A vosotros, ¿qué os han dejado?
Juan Avellana | 2:44 AM | URL# de este post | 
3.1.04
Cerrajería 
El conocimiento es una llave en poder del hombre culto. La cerradura, a menudo, aparece mucho más tarde. Y a veces se acaba la vida sin haber pasado por delante de esa puerta.
Juan Avellana | 4:56 PM | URL# de este post | 
1.1.04
Primicias 
Es como si estuviera al pie de una cuesta mirando hacia el camino que se abre por delante. A poca distancia sólo veo oscuro, aunque me esfuerzo. Mi razón se empeña también en escudriñar hacia allá, pero nada. No se ve nada.
No me importa decir que tengo miedo y esperanza. Entonces me agacho supersticiosamente, y pongo delante de mí un pájaro naranja con las patas de alambre, un poco de agua salada de color verdegrís, una pestaña, una hoja de abedul del otoño pasado, pongo unos versos que estoy por acabar. Estas son las almas modestas de mis cosas, son mis pequeños genios tutelares, posados sobre el camino para que me propicien ese vasto espacio entre el gran desconocido y este lugar donde mis pies tocan el suelo. Ojalá que el año que se alarga a partir de aquí sea bello y bueno, digo. Por favor.
No sé si se me oye. En todo caso, ahora es mi camino: el pájaro, el mar, los ojos, el árbol.
Juan Avellana | 7:29 PM | URL# de este post |