Avellana

Un blog literario*

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30.7.04
Una tarde de julio 
Se acaba julio y con él se acaba el tiempo del poema. Leí un día que el hombre primitivo no vivía verdaderamente en sus días, sino que los pasaba en una especie de devenir, como en un sueño; y la vida, la vida verdadera, ocurría sólo en determinados lugares y momentos del año, cuando el hombre participaba del acontecer del mito. Julio es mi mes de estar del todo vivo, el mes en que nací, cuando regresa el ahora.
Con el poema quería referir una sensación más fuerte en julio. Una sensación, o sea, un hecho de la experiencia interior, una cosa que me pasa. Así que no es una teoría, aunque se deja describir aproximadamente mediante una noción filosófica que ni es mía ni es nueva: digamos, algo así como que el ser es una interfaz, esto es, una superficie de contacto, entre la sensibilidad y las cosas. Como —en otro orden— la belleza, para entendernos.
Pero se termina el mes y se acaba el tiempo del poema donde tenía que decir aquello que he sentido. Aquí se queda, hasta otro año:

A este hombre que ve caer la tarde de julio
se le llena el alma como un espejo
de luz verde,
rumor de hojas,
un cielo vecindario,
voces de niños a lo lejos,
viento lento,
rescoldos de cristal de luz finida.

Solos sobre el mundo
la tarde y él,
el uno por el otro,
uno.

Juan Avellana | 1:10 AM | URL# de este post | 
28.7.04
Lector 
Yo quiero que los libros me cambien.
Juan Avellana | 12:31 AM | URL# de este post | 
25.7.04
Escritura  
Está lo que merece ser dicho y lo que no vale la pena.
Está lo que debe decirse y lo que apetece decir.
Está lo que es dable decir y lo imposible.
Eso hay. Y al final, uno escribe lo que no puede callarse.
Juan Avellana | 11:59 PM | URL# de este post | 
23.7.04
Dirección y sentido 
Esta mañana el tren se demoró mientras me llevaba hacia el trabajo y acabé dando paseos por la plataforma, inquieto; por la tarde, a la vuelta, sucedió lo mismo, pero entonces aproveché para leer a gusto. En un momento dado, cerré el libro, saqué una libreta y lo anoté: «Tengo prisa por llegar a donde no quiero ir y no me importa el retraso para llegar a donde deseo».
Hace un momento lo he releído y me ha dado la impresión de que no soy el único que vive con esas paradojas.
Juan Avellana | 12:22 AM | URL# de este post | 
20.7.04
Artista, por Azúa 

Siempre anda por ahí encima, en mi casa, el Diccionario de las Artes de Félix de Azúa. De vez en cuando lo tomo y me leo alguna entrada al azar. A pesar de su nombre, no es un diccionario al uso, sino que se trata de una breve colección de ensayos ordenada con arbitrariedad alfabética.
Todas las entradas me dan siempre que pensar; algunas me hacen reír a carcajadas. La entrada ARTISTA es una de estas, parcialmente: el comienzo y el final está escritos con un sarcasmo feliz. Lo de enmedio no es nada gracioso, pero expone un modo de ver el arte —por consiguiente, la vida— que yo comparto de corazón. Por otro lado, siempre he sido incapaz de resistirme a una buena alegoría.
Hace un par de años le recomendé a un amigo una prodigiosa columna de Azúa en El País. Él me respondió que Azúa era un liberal, y yo, sin entrar a juzgar la sustancia de la imputación, todavía sigo pasmado de que eso le pareciese un argumento.

«Artista. Acerca del artista reina un general desconcierto. Su existencia es indudable, pues a ellos atribuimos la aparición de obras de arte, sea cierto o falso que intervengan en su aparición. Cuando nos sorprende un paisaje de colinas verdes salpicadas de templos en las que a primera hora del día caminan breves figuras humanas acompañadas por un perro cabizbajo, decimos: ¡un Poussin! Cuando oímos una canción desolada cuyo tema se repite tercamente como si la cantara un hombre enajenado por una dolorosa obsesión, exclamamos: ¡un Schubert! Y así sucesivamente. En consecuencia, los artistas son gente en verdad existente porque con su nombre nos orientamos en la espesura de las obras.

»Pero la energía del romanticismo ha contaminado tan profundamente las fuentes de nuestro juicio que tendemos a pensar en el artista como alguien autónomo, independiente, libre y genial. Una especie de self-made man. Este error, frecuente y dañino, conduce el desastre a miles de jóvenes bien intencionados que creen poder ser tanto más artistas cuanto más autónomos, independientes, libres y geniales. De resultas de este patinazo una notable cantidad de gente pintoresca es incapaz de hacer aparecer ante el público absolutamente nada que no sea ella misma. Pero la contemplación de alguien libre y genial que dice ser libre y genial es insuficiente como obra de arte y una lata como obra de caridad. El lector encontrará más datos sobre este punto en la entrada MUERTE.

»Para explicar (aproximadamente) lo que es un artista, debo recurrir a la fábula. Me avergüenza hacerlo porque es un método poco científico muy utilizado por ese enemigo de la democracia (según le califica Karl Popper) que era Platón cuando se veía obligado a explicar cosas que ni él mismo se explicaba. Me excuso, pues, de imitar a Platón, pero no todo el mundo puede ser Karl Popper.

»En las muchas memorias y abundantes libros de recuerdos que han ido editando los judíos que sobrevivieron al Holocausto hay una figura que aparece con frecuencia y cuya actividad posee un interés muy especial. [Sigue...]

Juan Avellana | 9:41 PM | URL# de este post | 
15.7.04
Yo 
Cuando era niño, olía
como está oliendo ahora.

Yo soy más verdad
que el tiempo que me pasa.
Juan Avellana | 11:29 PM | URL# de este post | 
12.7.04
Avellana: su cuaderno de viaje II 
La pasión nacional en Hanu es un deporte que se juega en las grandes playas, sobre la arena lisa y húmeda que descubre la marea baja. Es una mezcla de representación y de batalla táctica, y, en esencia, lo que importa —lo que dirime las partidas y el público sigue con fascinación— son los dibujos que trazan sobre la arena los pies y los bastones agudos de los jugadores. Se juega los fines de semana, y a las partidas concurren cientos de curiosos.
Terminado el juego, a la luz menguante de la tarde, algunos aficionados estudian el desarrollo de la partida caminando sobre la arena desordenada, siguiendo con la vista el surco de una maniobra envolvente que conduce a unas pisadas bruscas rodeadas de terrones, el rastro de un amontonamiento apresurado, unas huellas de pasos que componen hexágonos tácticos. Leen una escritura sobre la arena que narra una historia de tretas, apuestas, derrotas inauditas y victorias ingeniosas.
La marea alta limpiará enseguida con su mano de agua toda esa memoria de lances y caminos que se entrecruzan, y dejará lisa la playa como una tablilla impoluta de cera dispuesta a ser usada como si fuese la primera vez.

[El cuaderno de viaje de Avellana I]
Juan Avellana | 12:13 AM | URL# de este post | 
8.7.04
Máxima 
Poco a poco voy haciéndome viejo, pero, por la razón que sea, aún no lo he conseguido del todo. Cuando me salga bien y sea viejo viejo, entonces instruiré a los jóvenes en el pensamiento crítico mediante este lema: «¿Cómo va a ser verdad, si está de moda?».
Juan Avellana | 11:33 PM | URL# de este post | 
6.7.04
Un golpe en la puerta 
De mi primera época de lector de ciencia ficción recuerdo un célebre cuento ultracorto de Fredric Brown que decía así:
Después de la última guerra atómica, la Tierra estaba muerta; nada crecía, nada vivía.
El último hombre estaba solo, sentado en una habitación. Alguien llamó a la puerta.
Años después, me encontré este otro, de Thomas Bailey Aldrich, Sola y su alma:
Una mujer está sentada sola en su casa. Sabe que no hay nadie más en el mundo: todos los otros seres han muerto. Golpean a la puerta.
Se supone que el de Brown es de 1951; el de Aldrich, de 1912. Resulta obvio que por debajo de estas dos historias hay una tercera que yo desconozco. Sigo sin tener prisa; esperaré a que algún día llame a mi puerta.

[Aunque entretanto yo tengo mi hipótesis: sospecho que el primer cuento nunca ha existido y que lo han escrito el azar y los años, aunque se pueda hallar el texto inglés en Internet:
http://www.gwillick.com/Spacelight/brown.html
y yo leyera varias veces, en su día, la traducción castellana (de hecho, la he escrito ahora de memoria, porque por Internet —o entre mis libros— no se encuentra). Sin embargo, bajo esa forma es rarísimo. La abundante es otra versión más breve y mucho más sosa, y también, empiezo a creer, más verdadera.
Por otro lado, mucho me temo que tampoco el segundo cuento exista. Ominosamente, aparece en la famosa Antología de la literatura fantástica de Borges, Casares y Ocampo, con lo que hay que temerse lo peor. O lo mejor, según se aprecien las bromas literarias.]
Juan Avellana | 12:01 AM | URL# de este post | 
3.7.04
Un consejo 
El verano es la estación del ahora.
Juan Avellana | 8:50 PM | URL# de este post |