Avellana

Un blog literario*

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30.8.04
Las letras de Fafnir 
Me comporto como el avaro o el cuervo con las citas, los conceptos, las canciones: los veo brillantes, los recojo, los guardo por ahí y luego los olvido. Igual que el dragón nórdico, duermo codicioso sobre un lecho de conocimientos revueltos que nunca uso.
Acabo de encontrarme esta anotación perdida por lo menos desde el invierno pasado; es de Thomas Hardy y habla de la muerte de un hombre: «Y le quitarán todas sus llaves brillantes, y abrirán sus cajones, y verán las cosas pequeñas que no quería que viera nadie; y todos sus deseos y costumbres serán como humo...». Comprendo por qué me entretuve a recogerla.
Esto, por lo visto, lo escribió una poeta japonesa, Yosano Akiko; yo lo copié en febrero:
De los innumerables escalones
que conducen a mi corazón
él subió tan sólo
quizás dos o tres.
Esto otro tiene fecha de diciembre del año pasado. Es del periódico. De Manuel Cruz:
Quien identifica la libertad con mantener, intactas, todas las opciones, está condenado a no dar el más mínimo paso, a no formular promesa alguna, a no comprometerse bajo ningún concepto, precisamente porque interpreta todos esos gestos como un recorte de dicha libertad. Pero ser libre tiene algo de paradójico: consiste en dejar de serlo a voluntad precisamente para poder seguir siéndolo. Sin que haya opción en este punto: vivir sin elegir es vivir en vano. No es más libre, sino menos, aquel que, en vez de esforzarse por intervenir, está siempre a verlas venir.
Subrayé en letras granates, de cuerpo catorce: vivir sin elegir es vivir en vano. Tremendo.
«Yo preferiría ser Falstaff o Sancho, y no una versión de Hamlet o de don Quijote, porque el hacerme viejo y enfermo me enseña que es más importante ser que saber». De un artículo de Harold Bloom; esta me ha dado bastante que pensar, porque estoy de acuerdo con lo que dice Bloom, pero soy incapaz de ponerlo en práctica. En todo caso, la cita fue a parar al montón, con el resto del tesoro.

[Thomas Hardy, El alcalde de Casterbridge, citado por Juan Antonio Rivera Rivera en Lo que Sócrates diría a Woody Allen (Espasa Ensayo);
Yosano Akiko, citada por F. Calvo Serraller en El País/Babelia, el 28 de febrero de 2004;
Manuel Cruz, «Política, prepolítica y filosofía», en El País, 29 de diciembre de 2003;
Harold Bloom, «¿Qué busca don Quijote?», también en Babelia, el 18-19 de abril de 2003.]
Juan Avellana | 2:48 AM | URL# de este post | 
26.8.04
Al final del verano 
Y bien mirado, son hermosos los días que quedan desde el declinar del verano
hasta que lleguen las grandes mareas y la lluvia
cierre nuestros armarios y esconda la luz y los colores claros
y escriba las playas con su alfabeto ajeno
y nos devuelva a la costumbre y la madera, y a las quejas noctámbulas.
El verano corre hacia el invierno como un río:
este frescor salvífico, este sol que da tregua, el viento entre los árboles,
la pureza del agua son señales, pero entretanto
la luz sigue enredándose en el pelo por las tardes
el calor sonríe en los brazos desnudos
los rostros sonríen y hemos recordado a los amigos.
Bien mirado, no están mal estos días prestados,
estos días robados a la melancolía,
dulces, tibios, sin el vigor inclemente de la alegría llena,
iluminados por una gota de conocimiento
de lo que aguarda,
el final,
a la vuelta de estos días.
Juan Avellana | 12:23 AM | URL# de este post | 
24.8.04
Presidentes 
Bill Clinton reconocía haber fumado porros, pero sin tragarse el humo. No quería admitir que había mantenido relaciones sexuales con su becaria porque insistía en que se había circunscrito a las mamadas. Supongo entonces que se limitaría a olisquear el vino tinto en la copa y a pincharse los dedos con las rosas. Yo no sé qué presidente es más tonto, la verdad.
Juan Avellana | 1:01 AM | URL# de este post | 
21.8.04
Mitad de agosto 
Días de luz,
os dejaría marchar
si supiese
que íbais a volver cuando os lo pida.
Juan Avellana | 11:19 PM | URL# de este post | 
18.8.04
Carta de Praga 
Abajo, al buzón, ha llegado una postal de Praga. Una postal de verdad, de cartón. Praha. Trae un dibujo que representa un cuarteto de músicos callejeros tocando en un puente empedrado; a la vuelta, el mensaje manuscrito en letras torcidas
de color verde.
Unas personas han hecho este papel y lo han tintado; unas manos que me quieren lo han escogido y se han detenido en una terraza, imaginemos, al lado del abejorreo de un río de turistas, a escribirme estas palabras de recuerdo. Y luego todo ese trabajo de meterla en sacas, cargarlas, llevarlas a los trenes, cruzar Europa entera en vagones nocturnos, a través de campos iluminados por la luna. El peso de la postal en mis manos genera esa distancia, y está muy bien que así sea, porque la gente está lejos, Praga está lejos, en los ferrocarriles y en mi vida. Esa es la verdad. El cartón me despierta de la ilusión electrónica de lo instantáneo, como de un sueño.
Claro, algún día iremos juntos, seguro.
Juan Avellana | 11:30 PM | URL# de este post | 
15.8.04
En Europa 
Mi amiga y yo hace mucho que no nos vemos, porque ella vive en una pequeña ciudad de Centroeuropa y yo vivo en Madrid. Sin embargo, nos mantenemos al tanto de nuestras vidas a través del correo; así sé que uno de estos días está por dar a luz a su primer hijo, si no acaba de hacerlo o lo está haciendo ahora. He tenido que esforzar de veras la memoria para recuperar de entre los viejos libros estas palabras que ya le copié otra vez. Esto sucedió en un tiempo lejano, cuando ella acababa de cumplir los veintiuno y una tarde me enseñó a hacer con una amapola la figura de una bailarina:

Antes de florecer, el cáliz verde de la amapola es duro como la cáscara de una almendra. Un día esta cáscara se abre. Tres trozos verdes caen al suelo. No es un hacha lo que la abre, simplemente una bola retorcida de pétalos fínos como membranas y arrugados como trapos. A medida que se van desarrugando, el color de los trapos cambia del rosa neonatal al escarlata más chillón que se puede encontrar en los campos. Es como si la fuerza que abre el cáliz fuera la necesidad de este rojo de hacerse visible y de ser visto.

Lo escribió John Berger al comienzo del cuento que en español da título al libro, Una vez en Europa.
Las palabras y los actos encierran varios sentidos verdaderos, aunque a veces nos lleva tiempo verlos completos.
Ahora las palabras de Berger resplandecen con una luz inusitada, como nuestras vidas.
Esta es tu casa. Bienvenido.
Juan Avellana | 4:26 AM | URL# de este post | 
12.8.04
Carta de agosto 
He comido ensalada de garbanzos y pimientos verdes, como te vi hacerla un día.
A veces imagino que estoy sumergido en una playa de poco fondo y de arena clara, como un vaso transparente. Hay plantas submarinas.
La gente se echa a andar por la calzada.
Ayer, a las cuatro o las cinco de la tarde, la luz destellaba. En la puerta del supermercado, a la sombra, una mendiga se había quedado dormida con su niño dormido también, sobre el regazo. El viento caliente le agitaba el pelo y hacía rodar el vaso de plástico por el escalón de la entrada, dibujando círculos. La calle estaba en silencio.
Duermo con la ventana abierta. Anoche pasé frío. Vienen a la cama todos los ruidos de la noche de la ciudad, pero voy entrando en el sueño y oigo fantasmas de ciudades imaginarias, o de otro tiempo.
Me paso el día solo.
Había un hombre delgado, planchado, con camisa de cuadritos azules y el aire de un tonto de pueblo. Esperaba ante el semáforo con pulcritud. Llevaba un pajarito verde y blanco posado en la nuca, sobre el cuello de la camisa.
He fregado las baldosas blancas, así que ahora puedo andar descalzo.
Te mando recuerdos.
Juan Avellana | 12:22 AM | URL# de este post | 
9.8.04
Interpretaciones 
En el metro, miraba por la ventanilla a los pasajeros del vagón que venía enganchado al mío. Arracimados alrededor de una barra, los brazos en figura de espiral, como un molinete o una girándula, con los ojos abiertos hacia mi sitio y los rostros opacos, sin expresión, o con un vago gesto de sofoco o cansancio ensimismados.
Escudriñar esa figura densa de mujeres y hombres para sacar un significado, como lo hacía yo, mirar el té, las nubes, las runas, las ondas del agua o los caparazones de las tortugas, son tareas parecidas, modos vanos de sacar sentido de las formas.
Y sin embargo ese es, en todo o en parte, el trabajo de la literatura.

Más tarde, dando vueltas por casa, me preguntaré si no es ese, en general, todo trabajo del pensamiento.
Juan Avellana | 12:13 AM | URL# de este post | 
5.8.04
Saber y cuándo II 
Rebuscando entre las cosas de Avellana mientras él estaba de viaje, en el fondo de un arcón me encontré un tablero de ouija decorado a mano y un vasito de cristal, tapados por una alfombra antigua.
Funcionaba. Meticuloso como un metrónomo, el vaso me fue reportando sobre el tablero los resultados consecutivos de las bolas que se lanzaron en la ruleta de la mesa 9 del casino de Montecarlo la noche del 13 al 14 de febrero de 1927, desde su apertura hasta la hora de cierre: 7, 18, 21, 0, 36, 8, 11, 13, 33, 1, 14, 31, 20, 20, 10, 23, 3, 12...; algo menos de cien bolas.
Aquella noche dormí inquieto por causa del asombro. Los días siguientes comprobé que el tablero era capaz de proporcionarme el registro exacto de docenas de partidas de fechas distintas; sin embargo, mi entusiasmo se disipó según fui entendiendo que nunca me adelantaría la de un día por venir.
La desilusión que siguió tenía que ver conmigo mismo, sobre todo; con la decepción de descubrir ese elemento espurio, el afán de manipulación de la realidad, en lugar del interés abstracto por el conocimiento.
Por último me dediqué a charlar con el espíritu de otros temas; pero fuera de su campo de especialización, su conversación era tan errática y morosa como la de todos los ouijas, o, por lo demás, la de bastantes encuentros casuales con personas vivas. Al verme decaído, él me propuso pasar a las cotizaciones del mercado del algodón y lino, con las que también sabía desenvolverse, pero conociéndolo a estas alturas, me temí lo peor.
Ahora he cambiado de opinión sobre el caso, en cierto modo; me tienta creer que quizá, a fin de cuentas, todo conocimiento se refiera al porvenir, y que quizá, en última instancia, todo saber verdadero sea una destreza.
Cuando faltaban aún un par de días para que volviese Avellana lo devolví todo al fondo del arcón. Tras cerrar la tapa caí en la cuenta de que el tablero debe de ser uno de esos trastos suyos que Avellana llama artefactos metafóricos. Se lo preguntaría, pero no me apetece decirle que he estado enredando entre sus cosas.

[Saber y cuándo I]
Juan Avellana | 12:14 AM | URL# de este post | 
3.8.04
Saber y cuándo 
Nada más inane que las noticias de la semana pasada. Cualquiera que haya tenido la experiencia de leerse, confundido, un periódico viejo como si fuese el corriente, habrá notado qué poco se distinguen las noticias de unos días a otros, una papilla grisácea de hechos intercambiables que sólo hacen bulto cuando los alumbra la fecha de hoy desde lo alto de la página.
De donde se sigue que nada hay más inane que las noticias de la semana próxima.
Juan Avellana | 12:35 AM | URL# de este post |