Avellana

Un blog literario*

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28.12.04
Navidades 
El mar de invierno amenaza y cruje como si fuese a desgoznar las rocas y la playa. La ciudad donde crecí —la distancia y la costumbre— se me ha ido volviendo un lugar extraño.
Pero me bajo hasta la orilla y ahí está el mar, bufando espuma. Y las olas tienen ese preciso verdegrís, reconocible, ese color exacto como la voz de un padre.
Juan Avellana | 1:50 AM | URL# de este post | 
20.12.04
Regret 
Todo se ha de marchar, irremediablemente. Y sin embargo, este pesar de que sucede por mi culpa.
Juan Avellana | 1:46 AM | URL# de este post | 
16.12.04
A la música 
El señor Maligano ha decidido dedicar su vida a la música. Anteayer, dos días después de cumplir 84 años.
Juan Avellana | 1:25 AM | URL# de este post | 
10.12.04
Circos 
Otra vez está en Madrid el Circo del Sol. Ha pasado aquí el otoño. Yo fui a verlos por primera vez hace cuatro o cinco años, con una amiga, Lola, una mujer algo mayor que yo a la que vale la pena conocer. Al salir de la función, Lola y yo anduvimos sin decir palabra durante un rato, felices y asombrados de aquella belleza tan leve. Al final ella habló y acabó con el silencio muy bien. Dijo solamente: «Juan, ¿nos vamos con el circo?». Yo me reí a gusto, porque sabía lo que quería decirme.
Seguimos callados un buen espacio, hasta que esta vez hablé yo, y le dije: «Pero si tú y yo nos hemos ido detrás de todos los circos que han pasado, Lola». Entonces se rió ella también; no le quedó más remedio que reírse de veras.
Juan Avellana | 1:17 AM | URL# de este post | 
5.12.04
Un post a lápiz 
Unos folios sobre una mesa de cristal vacía, y un lapicero Faber-Castell de punta afilada. El grafito rasca sobre el papel blanquísimo estas letras a las que se oye crujir una por una como los pasos de una persona en un campo de nieve.
Yo había empaquetado el ordenador en último lugar y en el último momento. El hombre de la mudanza me avisó desde su móvil y yo me senté a esperar junto a las cajas. Estallaron las cinco bombas por Madrid y el hombre de la mudanza me llamó de nuevo diciéndome que la ciudad entera era un puro atasco, justo a su lado, que nada, que para mañana.
Así que aquí estoy, recordando cómo escribía yo hace tanto tempo, a lápiz, en medio de ese silencio innatural de las habitaciones desnudas.
No todas las casas en las que he vivido tenían nombre. Esta se llama la Casa de los Pájaros, pero solo la semana pasada he descubierto que mientras yo estaba en el trabajo, por las mañanas, unos pajaritos blancos y negros venían a bañarse en una bandeja de latón llena de agua de riego que hay en la terraza. Sí había visto y oído muchas veces a las urracas, que se paseaban con bastante confianza. Y a las palomas y los gorriones, como es natural.
La Casa de los Pájaros. Hice fotos de lo que se veía desde la terraza. A ver si un día las traigo.

(Viernes, 3 de diciembre)
Juan Avellana | 8:38 PM | URL# de este post |