Avellana

Un blog literario*

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25.6.05
Pleonasmos 



Esto, en literatura, se llama pleonasmo. Y, propiamente, no se considera literatura. La literatura empieza allí donde en el cartel, pongamos por caso, dijese abierto.
Juan Avellana | 10:12 PM | URL# de este post | 
19.6.05
Aniversarios 

Alcalá

Un escarabajito negro y dorado se ha quedado quieto al borde de un sendero. Arriba, muy arriba, el cielo azul y blanco de una calmada mañana de gloria. Sopla un poco de aire, que mece las hojas, y una de ellas ensombrece y alumbra al escarabajo, quieto. El vuelo de una cigüeña se refleja en un charco.


Un día como hoy, hace cuatro años, escribí ese pequeño texto. Lo dice mi cuaderno, donde está apuntado, a solas. Era un día laborable, claro, no un domingo como hoy. El año pasado escribí este; y el anterior, por lo visto, este otro. Dos años.
Así pasan las cosas. Ya no vuelvo cada día a Alcalá (me imagino sus mañanas de sol y sus cigüeñas). Me han dicho que el patio del escarabajo ya no existe. En cambio, por alguna razón propia, los textos perduran, lo mismo que la manía de escribir.
Es un placer que vengas a leerlos y que de este modo concluyan, porque una segunda cosa he aprendido en este tiempo: que aquel párrafo de hace cuatro años se ha terminado de escribir ahora, cuando lo has leído. Gracias.
Juan Avellana | 9:20 PM | URL# de este post | 
13.6.05
La ida 
En medio de la llanura se levanta una montaña cónica. Junto a su cima, en lo alto, hay un pueblo con paredes de mampostería, muchas fuentes, huertos fructuosos y corrales llenos de ganado. Cada cinco años, al final de la primavera, aparece en el cielo el gran globo dirigible y se lleva por los aires a los niños.
Los padres les abrigan el pecho —más arriba el cielo será frío—, los besan, les acarician el pelo, vuelven el rostro hacia las piedras familiares y después contemplan durante horas el punto remoto de la nave que desaparece en el horizonte. Sus hijos regresan años después por el largo camino que cruza el llano, de uno en uno, cuando les toca. Unos son menestrales, otros mercaderes o contables, sacerdotes, músicos. A veces escriben cartas desde tierras lejanas refiriendo que les va bien, que han partido por determinada razón, que volverán pronto, si Dios quiere. De algunos no se vuelve a saber nunca.
Los padres sueñan durante las noches de ese verano con la majestuosa nave informe, como un riñón recruzado por docenas de jarcias; sueñan con banderas y grímpolas al viento, con chasquidos elásticos de cables y con la fiera barba del capitán del aire.
Juan Avellana | 12:02 AM | URL# de este post | 
6.6.05
Despedidas 
Un viajero desorientado se equivocó en un cruce y fue a parar a la vieja estación de tren, abandonada. El taquillero le vendió un billete para la ciudad; él compró un paquete de tabaco negro en el estanco y se fumó un pitillo paseando arriba y abajo. De los altavoces salía una música antigua. Unas pocas palomas aleteaban bajo la marquesina de hierro. El andén se fue llenando poco a poco de personas, de conversaciones cada vez más ruidosas y de bultos. Un cartel mecánico anunció el tren, y al sentir la proximidad del temblor las cabezas se giraron en la dirección por donde debía asomar la máquina. El viajero tiró su colilla al balasto de la vía y agarró el asa de su
maleta.
En un instante todo desapareció en medio del silencio, y el viajero extraviado se quedó solo sobre el andén, triste, inundado con la tristeza de todas las despedidas.
Juan Avellana | 1:06 AM | URL# de este post |