Avellana

Un blog literario*

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31.8.05
Otro viaje 
El lugar, desde la ventanilla del autocar nocturno, no puede ser más triste. Callejas vacías, tapias azulosas, farolas solitarias, desmontes, persianas polvorientas mal cerradas, carreteras llanas que se internan en el campo y en lo oscuro, aceras desiertas, un perro al pie de una ventana alumbrado por la luz de un farol, charcos, un jardín con una cica y una tumbona rota, un bar con los cierres echados, por todas partes silencio y abandono, aunque es posible que el perro reciba la caricia de su dueño esta mañana, se llenen los cobertizos de ruidos de obra, alguien pague las letras de los coches aparcados, las persianas se levanten a la luz del mediodía, una niña se columpie bajo la cica, dos novios se abracen junto a una farola y así todo, y que el viajero en la noche, cuando el viaje es ya tan largo, aún no haya caído en la cuenta de que esa espantosa soledad la abre a su paso su mirada.
Juan Avellana | 12:05 AM | URL# de este post | 
22.8.05
La Noche de Verano 
El cristal es un juego visionario moderno que se sirve de una serie de naipes en los que aparecen ciertas representaciones animadas. Que estas sean espontáneamente variables no es obstáculo para la descripción de las cartas, si recordamos siempre que el término se usa en un sentido más bien categorial. La primera carta del juego es la Noche de Verano:

Esta carta muestra a una mujer sentada ante una mesa de madera en el centro de una habitación iluminada por una bombilla eléctrica. La ventana está abierta en la pared del fondo, y a través de ella se ve la noche oscura sobre la ciudad, el cielo negro en el que brillan algunas estrellas.
La mujer aparenta alrededor de treinta años. Lleva el pelo castaño rojizo recogido en una coleta y un vestido verde sin mangas. Está jugando con un salero de vidrio. En un momento dado, espolvorea la mesa con arena, hasta que la cubre entera. Dibuja letras en la arena con su dedo. Ha escrito: «El tiempo está medido». Luego pasa la mano derecha sobre la arena y borra el mensaje. Luego pasa la mano izquierda y la arena se vuelve roja. Luego amasa la arena con dos manos y la arena se engruda, cuaja, se vuelve del espesor del barro. Y del barro, con las dos manos, despacio, la mujer da forma a una figura chata.
A la derecha de la habitación, sobre un aparador de madera despintada hay un búcaro azul con flores amarillas. La mujer se levanta con la figura entre las manos, pasa junto al aparador y sale por una puerta abierta.
Juan Avellana | 1:37 AM | URL# de este post | 
13.8.05
Mínima 
A ella le gusta el sonido del azúcar al caer dentro de la taza. Un sonido pequeño, más leve que cuando la espuma se deshace, como cuando un pie pisa la arena. Está la cuchara colmada encima del café; la vuelca y ves caer el azúcar, y entonces sí, se oye ese ruidillo, ese suspiro de la materia.
De tales cosas pequeñas, la vida.
Juan Avellana | 12:58 AM | URL# de este post | 
4.8.05
Arena en los bolsillos 
Al deshacer la maleta salen piedrecitas, caracolas, billetes de autobús, entradas para un concierto, un plano, arena que cae al suelo. Uno mira estos objetos con un parpadeo, entre dos luces. Parece que al desarraigarlos de su lugar original se ha secado su sentido, que se ha amortecido su brillo. Estaban tan vivos y ya no son de verdad; solo valen como signos. Remiten a lo que sigue siendo en otra parte, es decir, a lo que fue.
También me he traído en la cabeza ideas así, veniales, que hace dos días, en la otra brisa y bajo aquella otra luz parecían valer, tan fuertes, tan auténticas. Y ahora, aquí en medio, ¿qué son? Son ideas pequeñas, fragmentos, imágenes sueltas. Esas texturas poderosas que he dicho: arena, piedra, agua. Geometrías de edificios o de valvas. La incertidumbre sobre la vida verdadera: si las vacaciones son la suspensión del curso de la vida o si la vida laborable del invierno es la monótona suspensión de otro destino. La ilusión de completud, a solas en el mar verdegrís, al caer la tarde. La creencia de que uno puede pensar sin categorías y sentir sin palabras. El olor a salitre; la lluvia complacida.
Aquí sentado, de nuevo en casa, pienso esas ideas que me he traído de recuerdo, aquí nada, índices, expresiones de una aspiración. Ideas que valen por su capacidad de remitir a un deseo. Hermosa arena, caracola, piedra. ¡Como si eso fuese poco! Eso lo es todo.
Juan Avellana | 12:50 AM | URL# de este post |