Avellana

Un blog literario*

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27.12.05
Avellana: su cuaderno de viaje VI 
Durante el tiempo de sus viajes Avellana trata con las estrellas cotidianas y la luna que sirve para medir el tiempo, los días que se alargan todo un entero día, las hogueras, el olor caliente de los animales y el olor agrio de otros hombres, el humo, el pan, el agua barrosa, las maderas torcidas, las piedras con formas memorables, la leche, las armas, los ásperos sabores desconocidos, y eso es el mundo. Un atardecer se acuesta sobre el suelo, y mientras yace de costado envuelto en telas que huelen como parte de sí mismo, Avellana da en representarse una ciudad, que es Madrid, de almas innumerables, donde hay luz durante la noche y el día, las personas viajan en subterráneo, hay pinturas y tinta, salas de aire caliente, hombres y mujeres que dicen palabras en cualquier momento, hay un zumbido, hay dialectos y carteles. Hay formas como arcos, cubos o esferas. Tendido en el suelo duro, con la mejilla en el polvo, a Avellana le resulta difícil creer todo esto, y se le ocurre que es uno de los lugares más improbables, más imposibles que un hombre haya conocido.

[Avellana: su cuaderno de viaje V]
Juan Avellana | 3:18 AM | URL# de este post | 
18.12.05
Medianoche 

Espumas,
según me hundo en este sueño solitario
tan lejos del mar
acá en el norte,
intento recordar qué me decíais,
qué me decíais
entonces.

Juan Avellana | 4:15 PM | URL# de este post | 
10.12.05
Un viaje menor II 
Miro el agua del río a esta hora de la tarde y siento intensamente que quiero volver a este lugar. A uno le sobrevienen a veces deseos como una plegaria. Pero no se articulan; son una exhalación de la voluntad, un hágase.
A punto estoy de echar una moneda al río para ganarme la vuelta (la superstición proviene, según parece, de la antigua costumbre de propiciar a los dioses fluviales). De antes lo hacía, cuando era muy joven y encantado por los símbolos. Así que tengo tantos sitios a los que volver, aunque haya olvidado casi todos los deseos de entonces.
Acodado en este puente de madera, mecido por la tarde, me imagino un cuento en el que un hombre, antes de morir, es transportado por todos los ríos que deseó hasta que se saldan todas las deudas (el hombre, por ejemplo, se encuentra en sitios indistintos, inesperados o vagamente incompatibles). Doy por supuesto que ese cuento ya lo ha escrito Borges, de modo que me vuelvo a pensar en mis cosas. Volver a este río.

[Un viaje menor]
Juan Avellana | 5:50 PM | URL# de este post | 
1.12.05
La falta 
Ya no hay agua. Bajo al pozo todos los días y nunca encuentro agua.
Por las noches, durmiendo, entiendo la causa. De antes yo era el agua. Así que yo bajaba al pozo y siempre había agua.
Juan Avellana | 9:59 PM | URL# de este post |