Avellana

Un blog literario*

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27.3.06
Noticias 
Hace mucho, mucho tiempo, antes de Internet, yo solía recortar los periódicos. Como a casi todos, me atraían las noticias absurdas o siniestras («Hallado el cadáver de un buzo sin cabeza en aguas de Murcia»; «El hombre que intentó matar a su mujer disfrazado de Hitler, condenado a 17 años»; «Boris Zolotov, en una de sus sesiones de orgasmo telepático en grupo»). Pero sobre todo me gustaba quedarme cierta clase de noticias que tenían dentro un sabor extraño. Era la época en que yo escribía relatos breves, y estas noticias estaban escogidas con el mismo criterio que el tema de un cuento corto. A veces era una sola imagen (un obrero muerto en el parqué de la Bolsa, Amparitxu abrazada al busto de su marido); otras veces un punto de vista que organizaba toda una historia en una disposición punzante.

Estos días he tenido que hurgar en la caja donde conservo alguno de aquellos recortes. Ciertas noticias continúan teniendo algo dentro. Van dos, un poco al azar:

En Polonia, en 1994, unos policías se encuentran en la estación de trenes de Varsovia al embajador del Zaire, rodeado de vagabundos. Blancos, me imagino. Unos ladrones le han pegado y robado. El hombre lleva una semana viviendo en la estación porque ya no le queda nada por vender. Un día, su gobierno se desentendió de él. Dejó de mandarle dinero, aunque no le ha retirado sus cartas credenciales. La diplomacia polaca le ofrece un pequeño apartamento; va a comer gratis a las recepciones del cuerpo diplomático. El embajador del Zaire lleva dos años cuesta abajo.

Dos policías municipales se encuentran a una mujer a punto de dar a luz sentada en el bordillo de la acera, tomando café en un vaso de plástico. Estamos en La Coruña; ella tiene 32 años. Los ha llamado una vecina que se ha pasado toda la tarde oyendo sus gritos de dolor. Parece que la embarazada no está muy bien de la cabeza. Había bajado al bar a tomarse un café pero el encargado le hizo salir a beberlo a la calle, porque, como siempre, olía muy mal.
Los policías intentan llevársela al hospital pero la mujer no quiere; dice que no está embarazada. Ellos y su vecina insisten en convencerla; en medio de la discusión la mujer acaba dando a luz en la calle. Grita que ella no está embarazada.
La llevan al hospital. Allí, por un momento, se vuelve lúcida. Ve un rostro conocido. Le dice a uno de los médicos: «Yo a ti te conozco». Habían sido novios.
La noticia no cuenta qué había en la cabeza del médico aquella noche, mientras cerraba los ojos antes de dormirse en su cama. Tampoco lo que había dentro de la cabeza de su antigua novia.

Una mujer embarazada...»]
Pobre embajador»]
Juan Avellana | 1:49 AM | URL# de este post | 
17.3.06
Dioses II 
Me imagino un valle inaccesible en una isla remota, allí donde docenas de especies de plantas y animales no han sido descubiertas por la ciencia. También hay una tribu que ha perdido el contacto con la Humanidad hace siglos. El valle está cubierto de nubes perpetuas. Estos hombres desconocen lo que hay al otro lado de las montañas que los cercan y desconocen el cielo.
Durante la Segunda Guerra Mundial, la aviación norteamericana comienza a sobrevolar el valle. Los bombarderos y los aviones de carga pasan muy alto, por encima de las nubes, camino de una base en la costa. Desde el suelo se oyen pesadamente los motores, de día o de noche.
Ahora imagino que uno de los habitantes del valle cree que se trata del retumbar de los dioses, más allá del techo del mundo. ¿Cómo podría comunicarse con los dioses? Si él pudiera, ¿qué le contarían? Le hablarían de un mundo fantástico. El hombre sigue con la mirada el recorrido del estruendo del avión, intentando salvar las nubes con el pensamiento. Alrededor de él hay palos, magia, tejidos, piedras, cuerdas, mitos. Nada que le sirva para comunicarse con los aviadores.
En realidad, puede. Bastaría con que se construyese un aparato de radio y pronto la tripulación de un B-29 recibiría los ruidos extraños. Tarde o temprano tendría respuesta.
Nosotros sabemos que no puede. Pero si pudiera contruirse una radio, es decir, si pudiera fundir metales, generar electricidad, descubrir las ondas de radio, inventar la teoría de un mundo gobernado por unas leyes fantasmagóricas, entonces, ¿qué podrían contarle los dioses?

[Cargo cult: http://en.wikipedia.org/wiki/Cargo_cult
La tercera ley de Clarke: http://en.wikipedia.org/wiki/Clarke's_three_laws]
Juan Avellana | 11:16 PM | URL# de este post | 
13.3.06
Dioses 
«...recordando una aguda observación del erudito alemán Wilamowitz, según la cual theos, la palabra griega que tenemos presente cuando hablamos del dios de Platón, tiene primordialmente un valor predicativo. Es decir, que los griegos no afirmaban primero, como hacen los cristianos o los judíos, la existencia de Dios, y procedían después a enumerar sus atributos, diciendo “Dios es bueno”, “Dios es amor”, y así sucesivamente. Más bien se sentían impresionados o atemorizados por las cosas de la vida y de la naturaleza notables por su capacidad para producir placer o miedo, y decían: “Esto es un dios”, o “aquello es un dios”. Los cristianos dicen: “Dios es amor”; y los griegos: “El amor es theos”, o sea, “es un dios”. Como lo ha explicado otro escritor:

Al decir que el amor, o la victoria, es dios, o para ser más exacto, un dios, querían decir primero y ante todo que son cosas más que humanas, no sujetas a la muerte, eternas... Todo poder, toda fuerza que vemos actuar en el mundo, que no nace con nosotros y que perdurará después de que nosotros hayamos muerto podía ser llamada un dios, y la mayor parte lo fueron».


[W. K. C. Guthrie, Los filósofos griegos (Fondo de Cultura Económica). Traducción de Florentino M. Torner.]
Juan Avellana | 12:45 AM | URL# de este post | 
6.3.06
Noche de domingo 
Es domingo por la noche. Las ventanas de Madrid empiezan a alumbrarse una tras otra porque mañana por la mañana hay que ir al trabajo. Es obligatorio cruzar la línea esta noche y entrar a tiempo en casa.
Las ventanas encendidas sobre las siluetas oscuras de los edificios. En el interior de cada luz las calefacciones se ponen en marcha, se calienta la cena, se guarda o se saca la ropa de los armarios. Hay quien baña a los niños pequeños.
El viento anda en la calle y hace frío. Se enciende otra ventana, otra.
Las puertas de la ciudad medieval se cerraban al caer la noche. Dentro de las murallas el pueblo dormido y volutas de humo; afuera el campo abierto, la boca del lobo y la soledad extraña. Si por ventura arribaba a deshora un rezagado, debía permanecer fuera de la línea de las murallas, a ver llegar la escarcha. Quien esta noche no se meta a tiempo en casa y encienda una luz se quedará fuera, al otro lado, mirando pasar la noche, contemplando la sombra espesa de los muros de la ciudad en las tinieblas.
Juan Avellana | 12:41 AM | URL# de este post |