Avellana

Un blog literario*

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30.12.06
Lo bello 
En el entresueño de la fiebre, la mañana de Navidad, imagino un viajero que visita un país y luego pasa al país vecino, y después a otro, y a otro, y no encuentra nada que no le desagrade, pieles de mal color, naturalezas desmirriadas, costumbres ruines, comida maloliente, un husmo general de depravación y segunda mano. Por último el viajero desembarca en un país que le alivia, cuyos habitantes parecen hermosos y se entregan a tareas bellas.
El contento le dura poco, sin embargo: cuando entiende que no hay razón detrás de esta gracia, es decir, que la hermosura le es a esta gente tan impremeditada, tan fortuita, como el dinero a un jovencillo de buena familia. En este país son bellos sin porqué, son vacuos.
Entonces me despabilo algo —la luz del sol entra por las cortinas la mañana de Navidad— y me pongo a pensar que uno en realidad no busca la belleza, sino su fuente, y de ahí que la belleza lo deje a uno siempre insatisfecho. La posesión de algo bello lo pone a uno junto a lo bello. Pero no es eso; lo que uno quiere es estar en la belleza, conocer la raíz de su diferencia, vivir en lo correcto, ser lo bueno.
Me incorporo, apunto lo que he pensado, y al cabo de unos días las palabras conservan algo de sentido, ya sin fiebre.

[El camino]
Juan Avellana | 2:56 AM | URL# de este post | 
17.12.06
Largo y ajeno 

«Pocas cosas me han ocurrido y muchas he leído. Mejor dicho: pocas cosas me han ocurrido más dignas de memoria que el pensamiento de Schopenhauer o la música verbal de Inglaterra». Como es notorio, lo dijo Borges en el epílogo de El Hacedor. Estos meses pasados, nada mejor me ha ocurrido que algunas palabras que he acertado a leer; sin embargo, culpablemente, en este blog no han dejado rastro. Voy a ver si le pongo un poco de remedio con un post muy, muy largo, y entero de otros.


Marco Aurelio (las cursivas son mías)

Algunas cosas se apresuran a llegar a ser, otras se apresuran a haber sido; de lo que llega a ser, parte ya se ha disipado. Flujos y mudanzas renuevan perpetuamente el mundo, lo mismo que el continuo deslizamiento del tiempo hace siempre nueva la inmensa eternidad. Así pues, en esta corriente de cosas que se escapan, ¿cuál tener en alto precio? Como si alguien empezara a enamorarse de alguno de los gorrioncillos que pasan volando, cuando ya ha desaparecido de la vista.

Y yo lo sé, señor, lo sé, pero cómo darle la razón, qué quiere que le diga. Póngame otro ejemplo peor; uno sin pájaros fugaces, sin la fascinación por la belleza pasajera del mundo.

No me puedo creer que Dios no sea un arquitecto

Lo que me ha pasado a mí con el gorrión de Marco Aurelio me recuerda otra cosa que no he leído sino escuchado. Durante un reportaje en la tele sobre una reunión de skaters, un norteamericano con pinta de tronado le dice a la cámara: «Todavía no me puedo creer que los arquitectos y esa gente no sean skaters. ¡Hay tantos sitios que patinar!».
Ése es el espíritu del que ha nacido para disfrutar del mundo, pese a quien pese.

L. Wittgenstein, maravillosamente, citado en su biografía

«El filósofo no es un ciudadano de ninguna comunidad de ideas».

«Si un león pudiese hablar, no le comprenderíamos».

Y más Wittgenstein, en las Observaciones a La Rama Dorada de Frazier

«En la curación mágica de una enfermedad, se le hacen indicaciones para que abandone al paciente.
Tras la descripción de una curación mágica se podría decir: “si la enfermedad no estiende esto, no sé cómo se lo debería decir”».

Preferiría el adulterio

Hablando de filosofía. Como tantas veces, no puedo colocar la cita en su sitio. Lo siento. La cuenta en algún lugar de sus libros W. K. C. Guthrie, el historiador de la filosofía.
Llega un profesor nuevo a un college en Cambridge y se organiza una pequeña recepción para darle la bienvenida. Se sirve una copa de vino, y cuando le ofrecen al recién llegado, éste, haciendo aspavientos mojigatos, lo rechaza horrorizado: «¡Antes preferiría el adulterio!». Una autoridad del college le responde: «Amigo mío, todos lo preferiríamos».

Tácito y las pateras, o la perspectiva que nos dan los clásicos

A finales del primer siglo de nuestra era, este romano escribía: «...aparte del peligro de un mar temible y desconocido, ¿quién va a dejar Asia, África o Italia para marchar a Germania, con un terreno difícil, un clima duro, triste de habitar y contemplar si no es su patria?».

Más Unamuno

El once de noviembre pasado traje una cita de Unamuno, pero sólo aquella frase que tenía relación con mi propósito. Lo cual es una lástima, porque hubiera sido mejor copiar el párrafo entero, si no el libro:

«En una palabra: que con razón, sin razón o contra ella, no me da la gana de morirme. Y cuando al fin me muera, si es del todo, no me habré muerto yo, esto es, no me habré dejado morir, sino que me habrá matado el destino humano. Como no llegue a perder la cabeza, o mejor aún que la cabeza, el corazón, yo no dimito de la vida; se me destituirá de ella».

El ornitorrinco

Por cierto, en el prólogo de El sentimiento trágico de la vida hay otra cita que a mí me ha dado siempre muchísima risa. Cuenta Fernando Savater: «Por este libro vaga lanzando clamores el yo de Unamuno, desatado, como un ornitorrinco, según  la malignamente certera expresión de Ortega».

***

[Las Meditaciones de Marco Aurelio: Libro VI, 15. El texto latino:
http://www.slu.edu/colleges/AS/languages/classical/
latin/tchmat/pedagogy/latinitas/ma/ma6.htm

La versión española la he hecho yo para que se conformase más con mi gusto, pero me he ayudado de esta traducción al inglés:
http://www.bartleby.com/2/3/6.html
y de la de Ramón Bach Pellicer en Gredos].

[Ludwig Wittgenstein, la biografía de Ray Monk, en Anagrama. La traducción es de Damián Alou.]

[Las Observaciones a La Rama Dorada de Frazer, en Tecnos. La traducción es de Javier Sádaba.]

[La anécdota de Guthrie igual está en la Historia de la filosofía griega, en Gredos, pero entera cuesta un dineral, y aunque la tengas, a ver cómo encuentras la cita. Si a pesar de todo alguien lo consigue, agradecería que me mandase una versión menos fantasiosa que la mía.]

[Germania, de Tácito, en Gredos. La traducción es de J. M. Requejo.]

[El sentimiento trágico de la vida, de Unamuno, en Alianza. La cita, al final del capítulo 6.]

Juan Avellana | 8:45 PM | URL# de este post | 
5.12.06
De viaje 
Mañana me voy de viaje. Veré un mar desconocido y lugares que eran nombres. Tengo curiosidad; quizá me encuentre algo que aprender o quizá solo otra apariencia de las mismas cosas comunes.
También veré esta casa desde lejos, los libros suspendidos en mitad de un párrafo, una llamada por devolver, los papeles con anotaciones, la persiana que debo reparar, una conversación a medias.
Ojalá me traiga algo nuevo, y que perdure.
Juan Avellana | 1:34 AM | URL# de este post |