Avellana

Un blog literario*

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29.10.07
La comunidad civil de los cerditos 
En el país de los tres cerditos no hay asunto más importante que la técnica de construcción de viviendas, como es natural. Uno llega allí y se encuentra en el brete de escoger bando. En abstracto, no hay duda de que la opción idónea es el ladrillo o la piedra, opina el viajero. Pero claro, eso de poco sirve, ya que no se construyen casas en abstracto. Todo depende. ¿Se construye sobre arena o sobre roca? ¿Es una zona sísmica, el país de los cerditos? Porque en ese caso, sería mala idea dejar que varias toneladas de ladrillo y tejas te aplasten una noche en tu cama. Pero antes que nada, decidme, ¿hay en este país bosques, canteras, hornos para cocer la arcilla, es el clima demasiado seco o lluvioso para edificar con paja? ¿Y el lobo? Contadme algo del lobo.
Los cerditos son gente apresurada: ¿va a vestirse esta camiseta con el emblema de un ladrillo que un cerdito ardoroso sostiene ya entre las manos, o no? Bueno, dice el viajero, yo creo que no es incompatible una inclinación de principio por la construcción sólida con una decisión final en otro sentido. Los cerditos contemplan al viajero como si fuese un monstruo desconocido. Los bandos de los cerditos se muelen a palos. A los cerditos se les llenan los ojos de lágrimas por la memoria de los cerditos que se fueron dentro de sus camisetas. De qué habla éste.
Lo que quiero decir, dice el viajero, es que la respuesta correcta a vuestra pregunta es «según». Se trata de preguntar a la realidad. Pero no hay camisetas de «según» en el país de los cerditos, que a estas alturas ya no le hacen caso porque cerca de allí ha estallado una reyerta tumultuosa. Dientes rotos, ojos morados, cerditos despeñados desde los puentes y los campanarios. El viajero empieza a desear que todos los cerditos se vayan a tomar por el culo, que se los coma el lobo.
Juan Avellana | 12:34 AM | URL# de este post | 
22.10.07
Octubre 
Si una mañana de invierno un sol suave acariciase el día, cualquiera bendeciría el cielo, dichoso por la tregua, y, sentado en el banco de un parque, podría ponerse a escribir un poema agradecido. Pero si una tarde de otoño como esta el sol se consume silenciosamente en una luz dulce y fragante como un licor antiguo, todo ese cuidado cae sobre las cabezas de la gente y sobre el verde de los árboles y de los campos y sobre los juegos de los niños y el vuelo diminuto de los pájaros como una capa de melancolía, y solo sirve para evocar presagios de acabamiento y recuerdos de tiempos mejores.
Esto sucede porque en nuestra vida íntima conocemos por historias. A diferencia de los cuerpos en estado puro, las cosas humanas van colocadas sobre una línea de tiempo y de causas, y esa propiedad —dónde se halla la cosa en su camino— nos importa quizá más que cualquier otra.
Juan Avellana | 1:17 AM | URL# de este post | 
13.10.07
Alt="La vida" 
Los ciegos navegan por la red mediante un lector de pantalla, un programa que les lee en voz alta lo que no pueden ver. Eso comprende no solo el texto, sino, entre otras cosas, también las imágenes y los enlaces, ya que sin ellos es imposible recorrer una página web. El lector de pantalla no puede ver una imagen: lo que hace es leer su descripción textual, que un señor ha escrito en el código fuente de la página. Por ejemplo, el Avellana colgado ahí arriba en garamond es una imagen; por debajo, en el código que el navegador corriente no nos enseña, pone: «Avellana», un letrerito que aparecerá si por cualquier cosa la imagen no se ve.
Hablando el otro día de estos asuntos, alguien se puso a bromear sobre la descripción de las imágenes en un sitio porno. La gracia del contrasentido está en que ni siquiera hacen falta las imágenes; con una buena prosa, te puedes ahorrar las modelos y las sesiones de fotografía.
Enseguida se me ocurrió que aquello no era de ningún modo un absurdo: qué otra cosa es la literatura sino la relación verbal de un mundo cuya imagen está ausente. Nos hemos pasado cuatro mil años haciendo precisamente eso, describiendo algo que sucedió en otro momento y lugar; y hemos llegado a manejar tan bien el truco que leíamos en el sobreentendido de que era superfluo si en el origen había habido o no un hecho palpable.
Durante cuatro mil años leímos el mundo como ciegos sin saberlo, hasta que de pronto, hemos sabido: desde que a principios del siglo XX aparecieran nuevas formas de narrar que sumaban el poder de la construcción narrativa a la evidencia de la imagen. ¿Cómo sostener a partir de ahora el fingimiento compartido de que la literatura es la descripción de una realidad en ausencia?
6 billion Others [vía mirá], Seis mil millones de otros, es un proyecto del fotógrafo Yann Arthus-Bertrand que consiste en ir a una persona cualquiera y preguntarle por su vida, sus desdichas y sus sueños, y ver qué te contesta, dejarlo filmado y colgarlo en la red.
El resultado, ante todo, produce compasión, en el sentido etimológico que decía Kundera: como un sentimiento de telepatía emocional. Por otra parte, los testimonios —desiguales, como somos las personas— suscitan la misma fascinación que un objeto hallado cuya forma sugiere un significado punzante que uno no acaba de entender; la misma prefiguración de sentido que las palabras de un extraño oídas al azar por la calle.
No copio aquí los enlaces porque la página está hecha con flash; pero el que entre verá las respuestas agrupadas por personas y por temas: está la mujer chechena que habla de la calma después de la guerra; el ruso cuyo sueño más grande es hacer crecer tomates en la helada Siberia y ajos tan grandes como su puño; el hombre que solo quiere subir a un árbol; o esta declaración: «Llevo casado con mi mujer veinticuatro años. Nos enamoramos hace dos».
Para mí yo aparto un testimonio. El del sirio con sombrero, uno que dice: «Cada año, por mi cumpleaños, el cinco de diciembre, rompo a llorar sin razón. No sé, solo por la emoción. Me apetece. Puedo ver la película de mi vida, con todos los recuerdos de mi infancia y mi carrera. Simplemente empiezo a llorar. Y yo no sé si es tristeza o felicidad».

[6 billion Others:
http://www.6billionothers.org/

SoundsDirty.com, página porno especialmente accesible para ciegos (bueno, así es como se anuncian). El interés de la cosa se ve en su código fuente (ver/ver código fuente de la página):
http://soundsdirty.com/

Lector de pantalla en la Wikipedia:
http://es.wikipedia.org/wiki/Lector_de_pantalla

mirá
http://www.juliangallo.com.ar/2007/06/6-mil-millones-de-otros/]

Juan Avellana | 5:09 PM | URL# de este post | 
6.10.07
Tres consejos 

El otro día me propuso Rosa, la Donna, que colaborase en propagar un meme: tres consejos para ser un buen blogger. Cuando me enteré (porque, a todo esto, en aquel momento yo estaba en la playa) me hizo gracia la idea, ya que me considero desapasionadamente un blogger horrible; tanto, que podría abreviar los tres consejos en uno: no ser como yo (en muchas cosas). Así que he estado pensando en tres virtudes que no haya deshonrado con mi práctica, y me salen estas, que me parece que no están mal:

Crearse un hueco. Es decir: que uno hable de lo que sabe y le gusta y siga su temperamento, en primer lugar; después, que deje a tranquilamente que los lectores afines se vayan aproximando a su página por simpatía, sean dos o doscientos mil.
Si lo tuyo son los gadgets electrónicos, el mundo te escuchará y los reyes te llenarán de oro la boca; si se trata de la afinación de clavecines, pues nada, eso te ha tocado: recuerda que en esta vida se puede ser feliz con poco. No creo que sirva de nada forzar las cosas.
Un extranjero, maravillado, le pregunta a un inglés cómo ha conseguido ese césped perfecto, y el inglés contesta: «Oh, es sencillo: se planta, se deja crecer y se corta cada cierto tiempo durante doscientos años». Más o menos, he ahí el espíritu.

Esto es una conversación, como dice Portorosa. Toda escritura es un diálogo: eso, que de modo general se puede considerar una verdad metafórica, en el caso del blog es literalmente cierto: constituye su sentido. No creo que sea un blog un sitio donde la voz de un narrador se dirige a unas personas que lo leen, y ya. Será alguna variante de prosa por entregas, pero no un blog. Ni siquiera hace falta contestar los comentarios uno por uno: basta con que se vea que el blog escucha.

Y luego, una cosa complicada que me cuesta explicar y que yo llamaría algo así como escribir dando. Contaba Monterroso de cierto escritor que al llegar a un país sudamericano, cuando el presidente de la república le preguntó: «¿Y qué mensaje nos trae el gran novelista?», él respondió: «Señor Presidente: yo no traigo mensaje; traigo una factura». Pues algo así. Hay escritores que en vez de un mensaje parece que te traen un albarán.
Cómo lo diría yo: hay escritores que parecen escribir pidiendo; transmiten la sensación de que el lector les debe algo, sea admiración, compasión, una expiación o una culpa. Su escritura reclama del lector una desazón deudora que en la literatura general no es incompatible con el éxito, pero que a mí me parece desastrosa en esto de los blogs, entre otras cosas porque la lectura de un blog —y esta es otra pecularidad del género— no es obligatoria (lo que no puede decirse de buena parte de la literatura general).
Lo contrario es escribir dando. Que después de leer a uno acabes sintiendo que ha intentado darte algo que era suyo y que antes no tenías. Incluso aunque entre medias se haya comportado como un comisario, un quejica o un presumido.
(Donde digo escritores quiero decir gente que escribe; y con literatura general me refiero a cualquier cosa que se comunique por escrito: periódicos, novelas o prospectos de medicinas).


[La donna è mobile:
http://la_mobile.blogia.com/
Un hombre sentado en una silla:
http://unhombresentadoenunasilla.blogspot.com/
Augusto Monterroso, Scorza en París:
http://www.abanico.org.ar/2006/03/monterroso.letrae.htm]

Juan Avellana | 2:46 PM | URL# de este post |