Noches III

Hay una parte de mí mucho más lista que yo. No es que para ser más listo que yo haga falta demasiado, ya: el misterio está en que una sombra corra más que el cuerpo, o viceversa.

Es una inteligencia a la que me cuesta poner palabras. A medida que pasa el tiempo, va creciendo y no sé qué hacer con ella; es una ganancia que no sé cómo gastar.

Una tarde, hace un par de años, un profesor de ética nos contó aquella historia cenital de Noche, de Elie Wiesel. En un campo de concentración, durante la segunda guerra mundial, los alemanes ahorcan a un niño a la vista de los prisioneros, convocados para la ocasión. En vez de morir al instante, el niño cuelga vivo de la cuerda, agonizando durante más de media hora a la vista de todos. A su derecha, Wiesel oye decir: «¿Dónde está Dios ahora? ¿Dónde está?». Antes que el profesor nos diese la respuesta de Wiesel, con esa lumbre que acompaña a la iluminación oí que mi voz decía dentro de mí: «No hay que quitar la mirada del niño. El error está en levantar la mirada del niño».

Desde entonces vengo dándole vueltas a esa frase. Creo que empiezo a entender vagamente de qué trata, pero muy lejos de la seguridad con que la sentí (y que puedo volver a sentir si la evoco). Que cualquier valor de un hecho así se ve en el hecho, y desaparece al llevar la mirada hacia otra parte, aunque sea a Dios. Que la muerte del niño —su vida— no puede obtener su sentido por deuda de una estructura más amplia, como en la gramática de un idioma. Lo cual equivale a poco más que parafrasear la intuición original, según se ve.

Hay que razonar las cosas no porque así sean más verdaderas, sino por hacerlas comunicables. No puedo ponerme a mí mismo como garantía de la verdad. Por ahora, aquella iluminación es solo una experiencia privada, que quiere salir de mí y no puede.

 

[La historia de Wiesel sobrepasa por mucho estas cosas mías. Por respeto hay que añadir, al menos, la respuesta interior de Wiesel a la pregunta de la voz anónima: «¿Donde está? Ahí está: cuelga ahí, de aquella horca».]

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Comentarios

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Supongo, porque no lo sé a ciencia cierta, que escribir, lo que se dice escribir bien es esto que haces tú aquí, decir algo importante con precisión y claridad. Y con pocas palabras, las justas, aunque no tengo formación ni experiencia como para asegurar que es así. Me gusta mucho y creo que estoy aprendiendo a leer.

Un abrazo

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Muchas gracias, José Luis. Es una opinión enormemente generosa. ¡Gracias de veras!

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(Por cierto, que no habia vuelto a leer este post desde hace muchísimo, y esa preocupación que tenía aquí me sigue pareciendo importante. Me he pasado un buen rato esta tarde dándole vueltas).

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