El pasado

En la antigua Mesopotamia, a falta de piedra o de madera, se construía con ladrillos de barro sin cocer. Como es un material desmoronadizo, las casas iban decayendo; al final las derruían, aplanaban los restos y allí mismo levantaban otra casa nueva con la misma técnica. La repetición de esta costumbre a lo largo de los años acabó por crear unos montículos, los tels, que hoy indican a los arqueologos dónde excavar.

Esa era la metáfora de mi biografía: cada parte de mi vida, una capa de experiencias trituradas, cimentadas, vagamente perdidas, una sobre la siguiente como escalones por los que se sube hasta hoy. Pero la imagen no es cierta. De vuelta en la ciudad en que crecí, veo que los restos del pasado perviven casi enteros en la oscuridad. Las cosas como fueron —o, mejor, como me fueron— guardadas en trasteros o en cajones, apenas rotas, al otro lado de una puerta vieja. Ahí sigue todo, igual que un juzgado memorioso capaz de conservar actas de afrentas antiguas, querellas minuciosas, aborrecimientos, cariños. Como el olor mohoso de las calles en cuesta, el gris del cielo pulverizado por la llovizna, ese acento de pescadores con el que oigo hablar a los niños, por nombrar algo más concreto.

El pasado es igual; yo no.

 

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Comentarios

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Es desoladora, sin embargo, esta sensación de que, al excavar (no importa cuánto ni a qué profundidad), no encuentro ni un solo resto de casa derruida, ni el polvo de un ladrillo siquiera. Como si todo hubiera sido arrasado o como si siempre llegara a tierra virgen, nunca trabajada antes por mi, como si no tuviera pasado y en él nunca hubiera habido nadie, como si siempre estuviera empezando.

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Hola, Raúl.
Me parece una imagen fascinante, incluso en su desolación. Es como estar obligado a ser un robinsón en la isla de uno mismo.

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En cierta manera la fotografía, o algún tipo de fotografía, mejor dicho, puede condensa la memoria, la individual y a veces la colectiva. El pasado. O eso me gustaría que hiciera.

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Hola, José Luis. Yo intuitivamente hubiera dicho que sí, que así es; pero es muy interesante oírtelo decir a ti, que sabes de qué hablas.
El sábado pasado estuve aquí
http://www.phe.es/es/phe/exposiciones/1/seccion_oficial/414/construyendo_mundos
_fotografia_y_arquitectura_en_la_era_moderna
y impresionó muchísimo eso, la capacidad testimonial de algunos fotógrafos (Berenice Abbott, Walker Evans o Stephen Shore, pongamos).
Viendo esas fotos me acordé de ti, claro.

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Es que son, o eran, esos fotógrafos, superdotados, sobre todo Walker Evans. No sé qué fotos habría suyas pero suelen tener un lirismo que lo coloca por encima de la mayoría, para mi gusto, claro. Enfoque frontal, encuadre lleno, las fotos "sólo son documentos" ... parece fácil. Llevo en esto de la fotografía unos siete años y no tengo opiniones muy firmes ya que fotógrafos a los que admiro tienen opiniones a veces opuestas sobre las mismas cosas, y yo mismo doy frecuentes bandazos pero sí que sé que las fotos de Walker Evans son fotos "buenas", no chulas o bonitas, que también, pero son de otro nivel. Visualmente potentes, emocionalmente sugerentes e intelectualmente adultas, suelo pensar. Los demás, Shore (que da clases y tiene libros de teoría fotográfica), Abbott (que tanto admiraba a Atget y al que todos deben y cuya exposición sí vi en Madrid), y los demás, no son tampoco flojos, precisamente.

No sé cómo suscribirme a estos comentarios y quizás también te he comentado en algún otro post y no te ha llegado. Por otra parte, y como siempre, no quiero hacerme pesado con comentarios largos y prolijos..

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