El tiempo

Al principio había diecisiete cosas en el mundo y Dios se sentaba en medio a mirarlas.

Y en centro del Paraíso había un jardín con una extraña luz. Un día, uno de los Primeros Niños saltó la cerca de piedra y entró; se metió en la fuente a jugar con el agua que borbollaba y así se empapó de tiempo.

Según salía del jardín, el niño crecía hermosamente, el pelo espeso, esbeltos los brazos y las piernas. Al sentarse en el suelo posó la mano sobre una mata. El tronco de la mata se agigantó; se enramaron los tallos, brotaron las hojas apretadas, la copa inmensa se levantó a los cielos y rindió frutos.

Cuando los otros niños descubrieron al primero, vinieron a curiosearlo y lo toquetearon, fascinados, y enseguida empezaron a crecer también. Al dispersarse por el mundo, fueron contagiando todo lo que tocaban, los bichos, las herramientas, el agua, la hierba sobre la que dormían. Y el contagio pasó de una cosa a otra, de la lluvia a la tierra a los animales a las corrientes a las playas, hasta que todo en el mundo fue devenir (menos una isla pequeña).

Pero el tiempo no se quedó ahí, en darles a las cosas formas nuevas y llevarlas a su completitud y a su sazón. El tiempo, una vez desatado, no se puede volver a guardar. Siguió adelante y desgastó las formas, las multiplicó, las hizo decaer y morir. Y en el mismo lugar en que una cosa caía, otra surgía, a veces de esa misma materia pulverizada o mezclada con otras. Arena de lo que fueron acantilados, bosques norteños donde hubo hojas podridas, ríos secos, huesos calizos que habían sido un pájaro aéreo que había sido un óvalo blanco. Y así hasta que Dios vuelva y decida qué hacer.

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Comentarios

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qué bonito... lo ha escrito usted, señor avellana?

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Hola, Sfer. Sí, lo he escrito yo. Así que ¡muchas gracias!

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Así que todo procede del agua, que empapó al niño de tiempo y de donde procede todo lo demás. Es un misterio, lo del tiempo, solo notamos sus efectos. Bueno, la fotografía lo plasma, o eso creemos. La música está hecha de tiempo, lo olvidada.

Un abrazo

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Coincido con sfer: es precioso. Pero, me pregunto cuáles son las 17 cosas que había en el mundo, y por qué a Dios no le bastaban.

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Hola, José Luis. No había pensado en la música. Pues ahora que la mencionas, me he vuelto a acordar de esta cita de Bobin: "El sentimiento que tengo de la vida es un sentimiento musical —la música, como cada uno sabe, cumple ese prodigio de desaparecer en el mismo momento en que aparece". Desaparece según aparece, como el agua que sale de una fuente. Igual era música lo que había en el centro del Paraíso, y no agua.

(La cita la copié para una entrada reciente del blog de Jesús Miramón, un poemita bellísimo: "Finalmente / dos mil quince / alcanza la orilla / y se retira". Es aquí: http://lascincoestaciones.blogspot.com.es/2015/12/orilla.html).

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¡Muchas gracias, Marisa! En la primera redacción pensé en enumerar alguna de las diecisiete, y por su orden, pero luego vi que no lo tenía nada claro. Es difícil meterse en la mentalidad de Dios :) Pájaro y planta son dos de las 17 formas, por ejemplo, pero (desde el punto de vista divino) quizá jardín también lo sea, ¿no? Como el mar. O igual no, quién sabe.
Lo que sí sé seguro es que la diseminación del tiempo y la multiplicación de las formas no fue un acto divino deliberado: eso ocurrió un día que no estaba. Eso seguro :)

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Leí el poema entonces, como todo lo que escribe, y lo recuerdo. Félix de Azúa también habla de la música en este sentido. Vi a Jesús en la inauguración de la exposición de fotos, hace un par de semanas.

Un abrazo

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¡Qué bueno! Dios se da media vuelta, y los elementos se le reproducen como conejos. ¡Verás cuando vuelva y vea lo que ha pasado!

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