La primavera

Me ocurren cosas muy pequeñas que yo luego escribo con aire de milagros.

Un gorrioncillo en el suelo lleva en el pico una pluma de otro pájaro, una pluma casi más grande que él. Hago un gesto y él se echa a volar con la pluma en el pico.

Una día, mientras las miraba, las hojas de los árboles se sacudieron con un golpe de viento la luz de media tarde, como si saliesen chorreando de un río de luz. Me di cuenta de que ya era primavera.

Antes vivía en las ideas, por así decirlo. Últimamente, sin embargo, en lo que tengo delante de mí. Me estoy convirtiendo en un creyente de lo obvio, parece.

Como si hubiese cumplido sin saberlo esa frase de María Zambrano: «La realidad nos cerca y, sin embargo, hay que buscarla».

*

Estamos a finales de mayo. Queda un mes de crecer hacia la luz.

*

Siempre tengo la sensación de que cada primavera es la misma, que vuelve a presentarse. No hay primaveras antiguas en el tiempo de la primavera.

*

Lo que intento decir es que no se puede refutar el presente. La vida es verdad.

*

Vista desde el pensamiento, la realidad es magia: obra como quiere, sale de lo impensado, es desconocida, todo lo arrastra, no espera. Nuestros sabios se desmorecen por comprenderla. Nuestra vida transcurre mirando las estrellas, las corrientes y el vuelo de los pájaros.

*

Un día de abril —el que ardió Notre-Dame— Youtube me avisó de que en la página de El séptimo sello alguien había dejado un mensaje en memoria de Bibi Andersson, y fui a leerlo. Ya había llegado la primavera. Vi esa secuencia una vez más. Me da la impresión de que la blancura de la leche en el cuenco ilumina la cara del caballero cuando se la acerca para beber.

El caballero me sigue rondando hoy la cabeza. Y, con él, el Cementerio del Bosque, la extraña luz del sol de medianoche, la vela que brilla en la oscuridad.

*

«Aun así, antes de irse, le dejó a Asplund un hermoso regalo: el regalo del tránsito alrededor de sus edificios. Porque si como dice Bruno Zevi, el espacio solo puede comprenderse recorriéndolo, el Cementerio del Bosque es uno de los espacios más delicadamente comprensibles que existen».

La cursiva es mía.

*

Un hombre santo enseña a sus novicios el idioma de los dioses, que recorre el mundo. Pero la voz de los dioses se confunde con susurros, con ríos, con ruidos, con ramas. Hay que tener una fe de piedra para perseverar en el bosque hora tras hora, día tras día. La palabra de los dioses ni siquiera se oye.

 

 

 

[La confesión: género literario. María Zambrano. Siruela, 1995.
«El cementerio del bosque en Estocolmo: un paseo al borde de la vida». Pedro Torrijos en Jot Down
https://www.jotdown.es/2013/04/el-cementerio-del-bosque-en-estocolmo-un-paseo-al-borde-de-la-vida/
El séptimo sello. Tarde de verano
https://www.youtube.com/watch?v=keKMI4FZzyg
No quiero que este día acabe
https://avellana.neunoi.com/2014/07/no-quiero-que-este-dia-acabe.html]

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Comentarios

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¡Feliz primavera, Juan! Torrados de calor, por cierto.

Muy cercana a tu texto, mucho. Dices: "Nuestra vida transcurre mirando las estrellas, las corrientes y el vuelo de los pájaros." ¡Y ojalá!
Precisamente, para nuestra desgracia, nuestra vida transcurre al margen de las estrellas, las corrientes y los vuelos de los pájaros. Me da la impresión de que nos asfixiamos lentamente (o rápidamente) precisamente por no hacer nada de eso, enloquecidos por las prisas, el ruido, el hormigón, las mentiras, la realidad prefabricada y consumida como realidad-basura y tantas otras cosas totalmente prescindibles.

Pasan cosas mágicas, pequeños detalles, pequeñas concomitancias, pero no estamos para captarlo. Así que, dices, "la vida es verdad". Uf, esto es para darle unas vueltas.

Estuve sentada en un banco, viendo pasar gente, mirando el edificio de enfrente, pasar coches, y mirando un árbol en especial, un árbol especial -para mí-. Y mi mirada cambió. Fue un ratito, pero suficiente para saber que hay otra forma de mirar el mundo. Y que esto sucede sin que intervenga la voluntad, sin control.

Pero para eso hay que estar sentada, sin hacer nada, mirando pasar la vida, como si estuvieras en el Café de los Espejos de El Cairo una tarde fumando una pipa de agua.

¡Viva la vagancia!

Un abrazo, Juan

*

Mi vida es más mundana, apenas se fija en el vuelo de los pájaros y hace tiempo que dejo de escuchar a los dioses, a los nuevos y a los viejos... pero sí, a veces veo esos pequeños milagros, esos retazos de luz, ese canto de un pájaro que me recuerda toda esa vida que existe paralela a mi vida y que transcurre sin apenas hacerse notar...

*


¡Feliz primavera, Marisa! Es muy interesante lo que me cuentas. Yo... bueno, quiero que conste una cosa: que cuando digo que la vida es verdad no quiero implicar que sea verdad bajo el aspecto que se nos presenta.
Lo que quiero decir es que uno se pasa la vida dándole mucha importancia a quién es (su trayectoria, su esencia, su biografía...) y a quién quiere ser (o cómo quiere llegar a ser). Es decir, al pasado y a futuro. Lo que yo quería subrayar es que frente a esos dos, el tiempo presente es distinto, está hecho de otra materia: de la materia de lo que es, de lo que está siendo. La vida. No es un pensamiento, una idea: es un hecho (por eso lo de "es verdad). Haberme dado cuenta de ello me parece muy importante.
Pero claro, es como un bulto en una habitación a oscuras: está ahí, es; pero no hay garantías sobre qué es, qué forma tiene. Uno dice "es", y vale. Pero si uno sigue y quiere decir "es... TAL COSA" (un vale de lágrimas, un camino con sentido oculto...), ah, ahí empiezan los problemas. Esto también importa muchísimo, claro. Supongo que es a eso a lo que te refieres.

Un abrazo grande.

*

Hola, Beauseant. Me he sonreído a leer tu comentario de que tu vida es más prosaica: ¡que mi vida también! Por eso puse lo de "que yo luego escribo". Es después cuando van creciendo esa sencilleces de que hablo.

Y sucede porque las ideas se han ido y han dejado todo el escenario vacío, a disposición del presente. No porque yo haya hecho una larga meditación y haya concluido que tal o cual idea no vale la pena (frente a la materialidad del presente), sino porque sucedió: un día (o poco a poco, a lo largo de dias), aquellas ideas que me ocupaban han desaparecido, ya no me ocupan (no sé por qué, la verdad).

¡Un abrazo!

*

Han dado la paga y señal para comprar nuestra casa de Binéfar. Siento alegría, porque no es fácil vender una casa, y tristeza, más de veinte años en esa casa. Nosotros, mi suegra, que ya murió, nuestros hijos que, creo, no viven esto como nosotros, afortunadamente.
En fin. Con ese dinero compraremos un piso en Zaragoza. Esa era la idea. Pero siento y noto el paso del tiempo. Un abrazo

*

Hola, José Luis. Me alegro de verte.

Durante el tiempo de mi juventud me beneficié inconscientemente de la sensación de que, hiciera lo que hiciese, siempre podría arreglarlo, repetirlo de una manera mejor, probar otra cosa. La vida era un campo de prueba y error.
Según pasa, eso ha cambiado. Ahora, lo que lo que hago ya no tiene remedio; se hace por única, por última vez. Entonces, todo es más intenso y más solemne. Bueno, igual es una cosa mía.
No me extraña tu tristeza de dejar la casa. Es que es un cambio enorme. Oye, ¿la que dejas es la casa de los pájaros? Es decir, La Casa de los Pájaros.
Un abrazo.

*

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