Luces de noviembre

La noche no se ha cerrado; aún queda luz. Los pétalos del crisantemo relumbran en la oscuridad. Como si el día reservase para el final la luz más espesa y honda, la mejor, la última botella.

¿Por qué el crisantemo florece en noviembre? No es un florecer extraviado o a destiempo, como el de estas últimas rosas perdidas o las flores del cerezo que brotaron al final del verano. Da la impresión de que el crisantemo supiese algo sobre el mundo que yo no sé.

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Parece que bastaría con que una cosa tuviera sentido para que lo tuviesen todas.

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No sé qué hacer con noviembre, como un nadador que mirase a la orilla de enfrente y se preguntara, muy cansado, si es más corto seguir o dar media vuelta. Llevar el pensamiento hacia el tiempo pasado o volverlo hacia los días por venir. Igual que con la vida.

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Quizá hay que buscar el sentido del mundo en un orden y no en una finalidad. En la contigüidad de los hechos del mundo, no en su concatenación.

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De noviembre, todo lo que traigo son luces: las flores violetas, los crepúsculos rojos, las lámparas anaranjadas detrás de las ventanas. Un cian inocente que se atreve a asomar entre las nubes tormentosas. El amarillo, ocre, herrumbre, oro, castaño, rojo, verde de las hojas.

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Una tarde temerosa, un poco triste, iba andando por un parque, en la sombra indefinida entre la tarde plomiza y la noche. Estaba solo. He intentado embutir ese momento en un haiku pero no he podido: que, en medio de la oscuridad, solo se veía el fulgor amarillo de las hojas caídas, como caminos de luz bajo la espesura; y pensé: «A pesar de todo, dan ganas de seguirlos».

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Comentarios

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Siempre he pensado que noviembre tiene los atardeceres más bonitos de todo el año. Un abrazo, Juan.

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¡Hola, shichimi! Todas estas tardes llegaba a casa y me quedaba a ver cómo entraba la noche: siempre era un espectáculo. No sabía que la causa era el mes. Supongo que eso es lo que está, inconscientemente, detrás del post.

Un abrazo. Me has dado una alegría :D

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A mi noviembre siempre me ha gustado, hace mucho frío, la luna parece más bonita que otros años y la Navidad aún se encuentra lejos, es sólo un rumor, no una presencia...

Al lado de casa he visto esos caminos de hojas, siempre los sigo y nunca llegan a ningún lado. Miento, siempre llegan a alguna parte aunque no sea la que busco...

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Hola, Beauséant. Es una defensa muy convincente. Tal como lo cuentas, no suena mal. Aunque no tanto como para quedarse para siempre :)

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Creo que ningún lugar ni ningún momento sirven para quedarse en ellos para siempre, ¿no te parece?

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Llevo un buen rato pensando en ello y aún no sé qué decir, pero cada vez me gusta más la pregunta.
(Por cierto, que me ha venido al recuerdo una cosa remota. Me he acordado de lo que cantaba el personaje de Lee Marvin en La leyenda de la Ciudad sin nombre: que cuando llegase al cielo lo atasen a un árbol si no querían que se fuese de allí a vagabundear. Aunque no lo he recordado así de nítido, claro; lo he tenido que googlear :)

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