marzo 2013   (1 post)

Escrituras

Hace un par de días, el Viernes Santo, me bajé hasta a la playa a dar una vuelta, pensando en mis cosas y en un post que quería escribir no sabía con qué. Yo estaba muy perdido, y cuando me extravío mi escritura tiende a volverse sobre sí misma o sobre mí. La tarde no podía ser más melancólica, bajo la lluvia oscura, insistente y mansa, todo del mismo color verde-bajo-la-lluvia, el mar, las paredes y las piedras.

En verano, a los chavales les gusta tirarse al agua desde el final del espigón; por la parte derecha, que está despejada de rocas. Justo ahí, en ese borde, veo que alguien ha escrito con pulcras letras redondas en el suelo: «R.D.L.V. Nunca te olvidaremos». Las iniciales del nombre en morado y el resto en rosa, sobre el hormigón verdinegro que ahora espejea.

Alli a solas en la lluvia, una tarde plomiza de Viernes Santo, es fácil dejar que en la imaginación se pinte un drama. No sé. En cualquier caso, me devolvió de pronto al mundo grande de los hechos, el mundo repleto de personas, acciones, colisiones e historias distintos y grandes a cuyo lado las tracerías de un pensamiento reflejo se deshacen como humo en el aire.

Me pareció entonces que aprendía una cosa: que en la vida son los hechos los que dan orden y sentido el pensamiento, y no al revés, como uno hubiera pensado.

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