diciembre 2014   (1 post)

Nochevieja

Creo que empiezo a entender más sencillamente lo que intentaba decir. Que en verdad la esperanza es irracional; pero la desesperación también.

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Otra vez estoy en este espigón, a finales de año, sentado frente al mar. Como si fuese una costumbre.

Es la hora de comer y hay algo de sol y un viento muy frío. Veo pájaros marinos, nubes de lluvia, la silueta desvanecida de los montes, pequeñas obras humanas, un álamo invernal, unas pocas hojas secas sobre la arena gruesa, pozas que dejó la pleamar, rocas y piedras de verdín. El viento sacude el agua de tal modo que todo el mar por delante es blanco de espuma.

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Un día de diciembre se aparece la Virgen en una estación de trenes de largo recorrido y enuncia el principio de Pascal: que la presión ejercida sobre un líquido se transmite a todos los puntos del líquido y con igual intensidad.

«¿Y?». Pasado el primer estupor, vendría la desilusión por la obviedad, el nihilismo, la amargura, el sarcasmo.

Que se aparezca la Virgen es muy poco; querrían que viniese diciendo algo grande.

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Qué más da entonces lo que el mundo sea, cuando el mundo es.

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Me gustaría saber componer un libro de poemitas muy cortos, fulgurantes, solo para poner en él cosas escogidas, incluso si no las hubiera visto nunca. Puñados de nieve, olas de espuma frías, musgo, escarcha, las huellas de un pajarito blanquinegro, gotas de agua. Un libro recién hecho, fresco como la luz del día. Lo escribiría tan bien que se sobrepondría a su propia inocencia y lo daría de regalo con esas cosas dentro.

 

Feliz año

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