En un texto literario el escritor no habla de la vida, sino de la experiencia de la vida, que es una cosa distinta. �l describe at�nito eso que le sucede �su vida, s� y que no ha visto en ninguna otra parte.
La realidad es la vida, si uno las contempla desde el mism�simo punto cero, es decir, desde donde uno est� siendo. Entonces son simult�neas e iguales. Luego viene el hablar de la vida o el pensar en la realidad: y claro, existen las vidas de otros, mientras que, por su parte, la realidad debe objetivarse. Vida y realidad se hacen ajenas. Se comparten, se negocian, se dan un poco de s� para que quepan las de esos otros. Ya no son sensaciones ni hechos, sino enunciados ling��sticos: descripciones de las cosas, o relatos de c�mo las cosas vienen a ser. Uno los lee y s�, los reconoce, pero no se reconoce del todo en ellos, porque ah� no aparece la experiencia de la vida tal como a uno le es dada.
De modo que uno tiene que ponerse a escribir. Y en ese texto literario el escritor no habla, at�nito, de la vida, sino de la experiencia de la vida, que es una cosa distinta.

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