• Qué es mayo y para qué sirve

    Imagine un mar de espigas, una cabellera que se derrama por los campos. Imagine la insolencia de la alegría. Saque usted del inframundo a una mujer y que recorra la tierra. Aflore la vida a la luz, guarde usted materia para hacer ensueños más adelante. Llueva para tomarse un descanso. Eso es mayo. 

    De qué está hecho mayo
    De luz. Las cosas arden en luz, que todavía es tibia. Mayo contiene casi toda la luz posible, menos el fuego (el fuego es en junio). 

    Quién tiene que tomar mayo
    Los animales pequeños tienen que tomar mayo. Los espíritus que se deshacen con la brisa, las plantas delgadas, los estambres finos como un aliento, el grosor de un espíritu al trasluz, el rocío de la espuma del mar. Los animales medianos. Las personas, incluso si se les han osificado los cartílagos inmateriales. 

    Cómo usar mayo
    Lléveselo a la cara, introdúzcaselo en la boca, refriégueselo. Recorra caminos mientras la luz se apaga y observe cómo del suelo se desprende la luz que se ha absorbido (la luz tiene un carácter ligero y tiende a volver al cielo de donde vino). Arrójese a un jardín acuático en un remanso del río. Levante la mirada a las constelaciones. Dígase para sí mismo un nombre de estrella: Mizar, Baten Kaitos, Citadelle. De tarde, escuche al mirlo. Al despertarse, cómo zurean las palomas.

    Antes de tomar mayo
    No cante canciones que le vengan de un lugar desconocido. No sea loco; no se arriesgue. 

    Conducción y uso de máquinas
    No lo haga. No conduzca, no use máquinas. Camine de aquí para allá. Si lo necesita, corra. Si debe usted usar máquinas, use solo máquinas sin ruido. 

    Conservación
    Guárdelo en una difusa memoria. Sentirá nostalgia. Recordará cierto azul que vio una vez de niño. Oirá un resonar de voces perdidas que le alcanzan desde lejos. 

    Efectos secundarios
    Nostalgia, como ya se ha dicho. Pesar de no ser más que humano; una grandeza dolorida. Una aspiración pajaril por los viajes, una alucinación de horizontes. Algo que parece provenir de la juventud del mundo. La vaga sensación de haber sido tutelado por un dios amigo. 

    Contenido del envase e información adicional
    ¿Recuerda usted poemas sobre alondras? ¿Sabe hacer con una amapola la figura de una bailarina? ¿Se ha bañado en un agua tan fría que le dolían los dientes y luego ha sido usted feliz? 

  • Ahora el jazmín

    A la flor del cerezo le sucede el jazmín de primavera, y al jazmín la rosa, y a la rosa la pequeña zarzamora, y así hasta el otoño de los crisantemos y otra vez de vuelta, porque la vida se sigue a sí misma. 

    Esta corriente de fondo, consabida, es un murmullo blanco, el lienzo sobre el que hay que escribir los hechos de este diario. 

    Al fondo de los días, el mirlo sigue cantando junto con las demás cosas consabidas. El viento fresco y alto, las espigas. El olor de las lilas. Se espera que vengan los hechos como pinceladas sobre un lienzo plano; y sin embargo, cada vez estoy más cierto de que el fondo es la naturaleza del mundo. 

    Pinto unas manchas oscuras —nosotros— y también se van al fondo, como motas de pájaros en un paisaje de Brueghel.

  • Confesiones

    Por lo que respecta a la vida, la parábola de Kafka es esencialmente verdadera: uno se despierta un buen día convertido en un insecto. O en lo que le toque. En una bolsa de plástico, un tronco gris de madera abandonado bajo la lluvia, un pelícano, etcétera. Pero Kafka, por pesimista, calla una cosa importante: también es verdad que un buen día uno se despierta con el placer de sumergirse en el agua y de echarse peces al buche, de secarse al sol y cuartearse, de dar vueltas hacia aquí y hacia allá arrastrado por el aire, etcétera.

     

    Del cerezo florecido, a pleno sol, mana un bien del que no puedo apartar la vista. Como si se hubiese abierto un surtidor sobrenatural delante de mi casa.

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  • El río 

    Una joven vestida de blanco está de pie a la orilla del río, mirando cómo se acerca despacio un barco de madera. Se sube. La tripulación desamarra del embarcadero de tablas, lleva el barco hasta el centro de la corriente y lo deja ir, hacia el sur. Por esta zona el cauce es estrecho, las riberas verdes, la corriente rápida. Abajo, los bosques oscuros; arriba, el gran cielo del norte. Tras un recodo del río, en un claro donde se espesa la hierba, la chica ve a un joven en traje de campesino, la cabeza descubierta, el pelo castaño y un tahalí de cuero, que contempla el barco con fijeza y asombro. En la proa va una mujer menuda, vestida de blanco, luminosa como un fanal. El barco despliega entonces una vela para ganar el viento y enseguida desaparece de su vista. 

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  • El lago

    Una vez, en un capricho de su melancolía, un rey joven mandó construir unos jardines inolvidables que fuesen imagen de la vida, alrededor de un lago de aguas profundas. Aquí y allá dispuso algunas islas de felicidad o de placer en consonancia con su idea del mundo por aquella época; pero, por lo demás, diseñó orillas elegantes y tristes, canales solitarios cruzados por barcas lentas, puentes inútiles y arcos esbeltos sobre los que crecían las enramadas, y soltó peces y pájaros que estaba prohibido atrapar. 

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  • Diciembre de 2025

    En esta ciudad junto al mar el tiempo viene y vuelve como las olas vuelven a la orilla, vuelve y deshace las vidas como el agua deshace la arena. 

    El día de diciembre es frío, soleado, cristalino. Las partes de la realidad parecen unidas con un pegamento sutil, con rocío evaporado o agua seca. Un soplo podría despegarlas.

    El día es un diente de león, un cristal de nieve. 

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  • La cuestión

    La cuestión es que seguimos construyendo templos, pero ya no tenemos dioses.

    *

    El otro día me encontré con que la manzana que estaba comiendo había germinado. El trocito de corazón que quedaba lo metí en tierra, sin ningún motivo, de modo que ahora en la sala hay dos brotes traslúcidos de manzano, más pequeños que un meñique, con hojas como de perejil. 

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  • Historias de fantasmas

    Como es sabido, la luz de una estrella tarda miles de años en llegar hasta nosotros. Cuando la vemos, quizá la estrella ya ha muerto, y así, nuestras esperanzas y el cielo están hermosamente alumbrados por fantasmas.

     

    Una persona se vuelve fantasma por dos motivos: o por tozudez o por amor.

     

    Un país lejano está poblado por millones de fantasmas. A sus habitantes se los llevó de pronto la epidemia; muertos en horas, en días, en mitad de sus asuntos. El único hombre vivo se arrastra por las calles, solitario. Los fantasmas no lo ven ni lo oyen, yendo y viniendo a sus tareas. Errabundo, se sienta en las escaleras del Parlamento, o al borde del estanque de la plaza, o en medio de la acera, solo, viendo rodar las hojas.

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  • Los bibliotecarios

    Los hisios, horda de nómadas, desconocen el mar y la escritura. Cuando entraron a caballo desde la estepa hallaron un reino vacío, desolado seguramente por la plaga. No se veía un solo ser humano. Las palomas anidaban en las hornacinas; el ganado suelto pacía por los campos. Nada conmovió al khan —ni las plazas porticadas, ni las estatuas de alabastro, ni los canales navegables— como la biblioteca de palacio con su bóveda azul de estrellas de oro y las filas infinitas de libros coloridos. Comprendió de inmediato la sacralidad de aquel extraño lugar numinoso y lo dejó al cuidado de los sacerdotes, que tampoco sabían leer, pero rebosaban de intuición de lo sagrado. 

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  • La rosa resucitada

    Ya he vuelto. He dejado el agua verde y fría, los lirios marinos, el viento, la hierba dunar que se agarra a la arena. Podría haber vivido toda mi vida allí, donde nací, como viven los cangrejos, en la franja entre dos mareas. Pero hubiera sido un exilio de otras vidas por vivir. Como esta mía que he tenido, por ejemplo.

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