A la flor del cerezo le sucede el jazmín de primavera, y al jazmín la rosa, y a la rosa la pequeña zarzamora, y así hasta el otoño de los crisantemos y otra vez de vuelta, porque la vida se sigue a sí misma.
Esta corriente de fondo, consabida, es un murmullo blanco, el lienzo sobre el que hay que escribir los hechos de este diario.
Al fondo de los días, el mirlo sigue cantando junto con las demás cosas consabidas. El viento fresco y alto, las espigas. El olor de las lilas. Se espera que vengan los hechos como pinceladas sobre un lienzo plano; y sin embargo, cada vez estoy más cierto de que el fondo es la naturaleza del mundo.
Pinto unas manchas oscuras —nosotros— y también se van al fondo, como motas de pájaros en un paisaje de Brueghel.
