En casa, Estrella, de año y medio, está jugando sola en el comedor. Se empina, alcanza el mando a distancia de la televisión, se lo lleva al oído como si fuese un teléfono móvil y se pone a hablar con toda seriedad: «¿Naná, naná na a burun, papa babao?».
Pablo, a quince kilómetros de allí, está solo en su mesa de la oficina, estudiando unos documentos. Levanta la cabeza, alcanza el mando a distancia del aire acondicionado y contesta: «¡Hola, bonita! ¿Te lo pasas bien?».
