Mes: septiembre 2003

  • Ahí las cosas

    Al comienzo del verano una amiga trajo todas sus plantas a mi terraza para que se las cuidara mientras ella no estaba. Contemplo las mías, esas dos o tres que habrá que meter dentro de casa en cuanto empiece a hacer malo. Mi terraza es orgánica… Podría decir que está llena de polvo y hojas porque soy un abandonado, pero orgánica queda muy bien, y además no es del todo fingimiento, porque la terraza está muy natural, como un descampado.

    Mientras sigo aquí de pie, plantado en medio de toda esta… este desorden orgánico, yo sé que me pasa algo. Que este flujo de impresiones: plantas, hojas secas, hojas verdes, brisa fresca… alude a algo, más allá —o al lado— de la tarea banal de adecentar esto. Como si me interpelara.

    Un ratito después estoy aquí sentado, dispuesto a escribir: «Me gustaría que esta bitácora sobreviviese al invierno». Y se me viene inocentemente a la cabeza, como una metáfora, la imagen de las plantas ahí afuera. Bien, ahora lo entiendo. Pero me gustaría saber contar lo que las cosas dijeron. Sin traducción, sin metáfora, sin parábola, sin tropos. Esa fragilidad de la que hablaban; que las cosas dependen de los tiempos. Lo que ellas dicen, en su propia lengua.

  • «Las ciudades y la memoria. 1

    Partiendo de allá y caminando tres jornadas hacia levante, el hombre se encuentra en Diomira, ciudad con sesenta cúpulas de plata, estatuas en bronce de todos los dioses, calles pavimentadas de estaño, un teatro de cristal, un gallo de oro, que canta todas las mañanas sobre una torre. Todas estas bellezas el viajero ya las conoce por haberlas visto también en otras ciudades. Pero es propio de ésta que quien llega una noche de septiembre, cuando los días se acortan y las lámparas multicolores se encienden todas juntas sobre las puertas de las freidurías, y desde una terraza una voz de mujer grita: ¡uh!, se pone a envidiar a los que ahora creen haber vivido ya una noche igual a ésta y haber sido aquella vez felices».

    Italo Calvino, Las ciudades invisibles (Minotauro).
    Traducción de Aurora Bernárdez.

  • Escatoloblog II

    ¿Alguien ha chateado alguna vez con un difunto?

    Hum, supongo que no es sencillo saberlo. Si a veces, charlando en un bar lleno de música, no es fácil distinguirlo… Imagina en un chat.

    Voy a subir este post para que quede la fecha y la hora, por curiosidad. Es como poner un cronómetro en marcha: a ver cuánto tiempo tarda en llegarme la historia en forma de leyenda urbana.

    [Escatoloblog]

     

     

  • Escatoloblog

    En los primeros tiempos del boom de la World Wide Web hubo un chiste gráfico que se hizo muy famoso, aquel donde un perro, sentado ante un ordenador, le explicaba confidencialmente a otro: «En Internet nadie sabe que eres un perro».

    Se me ocurre ahora una versión macabra, donde un fantasma delante de un teclado le comenta a otro: «En Internet nadie sabe que estás muerto».

    [On the Internet, nobody knows you´re a dog:
    https://en.wikipedia.org/wiki/On_the_Internet,_nobody_knows_you%27re_a_dog]