La creatividad y el desorden

En la costa de Bezumbre, región de espíritu inquieto, se les ocurrió someter a crítica el tópico del faro luminoso, y en su lugar erigieron un faro de voz. De este modo, el faro, colocado sobre un islote pedregoso en la boca de la rada de Pretel, avisaba por su bien a los navegantes con su estentórea voz girada: «¡Eh, aquí, cuidado, eh! ¡Aquí hay bajíos! ¡Aquí escarpadas rocas! ¡Eh, eh!». Como el clima de la zona abunda en nieblas espesas, la idea prosperó, y el faro aún perdura.

Región siempre inquieta, al fin y al cabo, un buen día el faro de Bezumbre sometió a crítica esa inercia monótona de malgastar tan buena voz en gritar voces, y comenzó a cantar. Boleros, habaneras, coplas, tangos arrastrados, fados aprendidos de los marineros. Cualquier navegante que costee por allí oirá su hermosa voz de tenor entre la niebla dándole vueltas a pasiones de hombre.


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