Filosofía y huerta

Sabemos desde Aristóteles que es imposible sustraerse al filosofar, de modo que quizá sobraban las pruebas materiales:

Serán los espárragos más tiernos del mercado, y los más sabios con diferencia. En todo caso, parece una costumbre razonable cogerle afecto a Immanuel Kant, ese hombre extraño y fundamental. Escribió muchas frases memorables, pero grabaron estas sobre su tumba: «Dos cosas llenan mi ánimo de creciente admiración y respeto a medida que pienso y profundizo en ellas: el cielo estrellado sobre mí y la ley moral dentro de mí». Eso se merece unos espárragos, sin ninguna duda. Y hasta una camiseta.


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