Al hilo del post anterior, hablaba con Ike en los comentarios acerca de que quizá sea esta la primera vez que el común de la gente va a dejar detrás de sí recuerdo escrito de su existencia. No una persona señalada —un escriba, un grabador, un pensador, un monje—, sino la gente misma. Si la Historia comienza con la aparición de la escritura, entonces podría decirse que de algún modo es ahora, con Internet, cuando los individuos empezamos a entrar en la Historia (y si eso suena emocionante, aclaro que se trata de un efecto indeseado).
Todo ello es verdad de modo genérico, ya que, en cambio, ha habido infinidad de casos particulares en los que individuos del común han dejado escritas huellas de su paso por el mundo. Mientras escribía a Ike me vino a la cabeza una inscripción que me hicieron traducir hace mucho tiempo en una clase de latín vulgar. Se trata de un grafiti en una pared de la ciudad de Pompeya, que dice:
Sucessus textor amat coponiaes ancilla,
nomine Hiredem, quae quidem illum
non curat, sed ille rogat, illa comiseretur.
«El tejedor Suceso ama a Hiredes, la criada de la tabernera, que no le hace caso; pero él le ruega, y ella se apiada».
Es una historia muy antigua y, por lo que sabemos, termina bien. Lleva dos mil años en aquel muro, pero podrían haberla escrito esta mañana.

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