un hombre muy viejo: me saludó, pero yo me apercibí demasiado tarde. La música recomenzó y yo me decía: «Con tal que vuelva a mirarme!». Era un peregrino, no era de aquí. Me pareció que me tenía simpatía. Se acabó la música. Yo estaba como en éxtasis. El hombre se dio vuelta, me dirigió una mirada y salió. En su mirada había algo especial para mí. Todavía no sé qué quiso decirme. Algo importante, esencial. Nos miró a a mí y a mi destino, con una especie de consentimiento y de regocijo, pero con un dejo de compasión, casi de piedad, y se fue, y todavía me pregunto lo que todo eso quiere decir».
Henri Michaux, Un bárbaro en Asia (Orbis). Traducción de Jorge Luis Borges.

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