Al final del verano

Y bien mirado, son hermosos los días que quedan desde el declinar del verano
hasta que lleguen las grandes mareas y la lluvia
cierre nuestros armarios y esconda la luz y los colores claros
y escriba las playas con su alfabeto ajeno
y nos devuelva a la costumbre y la madera, y a las quejas noctámbulas.
El verano corre hacia el invierno como un río:
este frescor salvífico, este sol que da tregua, el viento entre los árboles,
la pureza del agua son señales, pero entretanto
la luz sigue enredándose en el pelo por las tardes
el calor sonríe en los brazos desnudos
los rostros sonríen y hemos recordado a los amigos.
Bien mirado, no están mal estos días prestados,
estos días robados a la melancolía,
dulces, tibios, sin el vigor inclemente de la alegría llena,
iluminados por una gota de conocimiento
de lo que aguarda,
el final,
a la vuelta de estos días.


Comentarios

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *