Todo está lleno de estrellas

Los niños vienen bendecidos por un don innato para la generación de reglas y modelos. Jugar: jugo; sueño: sueñar. De ese modo van ensamblando las piezas del plano de la realidad, labor que culmina en la adolescencia, cuando —mientras que el interior es innavegable— el universo exterior concluye en un modelo cristalino sumamente sencillo.

A partir de ahí, la historia de la edad es la de una inteligencia que se abre a la inhumana complejidad del mundo.

«Todo está lleno de dioses», dejó dicho Tales, el primer filósofo, y nadie sabe muy bien qué quería decir exactamente con eso. Es bonito figurarse que sólo expresaba su asombro.


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