Mes: octubre 2004

  • La gramática y el alma

    Nos cuesta imaginar la realidad sin sintaxis, es decir, sin alguien que mueva algo por algo y alguien, pero hagamos el esfuerzo. Imaginemos los hechos solos, sin agentes ni pacientes. Lo que sucede en el mundo, lo que se da. Coches parados en un semáforo. Un golpe de viento que derriba una valla publicitaria. La salida de los espectadores de un estadio. Olas rompiendo en un muelle. El ocaso. Una inauguración con canapés. Un nacimiento. Supón que desde muy alto, desde las nubes, ves estos grumos de hechos, aislados, cada uno en un sitio, como puntos en una cuadrícula, o como aparecerá desde allí arriba la disposición regular de los olivos ordenados sobre el campo. Ahora, imagina una línea que se tiende de un hecho a otro, de ahí otro, y luego a otro, y más allá, y así una línea zigzagueante que escoge y enhila una serie de ellos.

    Ése soy yo, por ejemplo, o tú: una trayectoria. También podemos imaginarla como un relámpago que atraviesa todos esos puntos del primero al último, que alumbra los campos y la bóveda de los cielos.

  • Me acuerdo

    Me acuerdo de que cuando yo era ni�o en los azulejos de las casas se pegaban calcoman�as con dibujos de frutas. Calcamon�as.
    Me acuerdo de que mis abuelos ten�an la costumbre de cambiar las habitaciones de uso: la sala pasaba a ser dormitorio, y luego comedor, y luego otro dormitorio distinto, etc�tera. Los muebles siempre eran los mismos, que transitaban.
    Me acuerdo de que el pato de mi hermana se llamaba Filiberto, por un amigo de mi padre, que era culturista.
    Me acuerdo de la ense�a de un cristalero que se ve�a desde la ventana de la casa de mi novia, en Sarrebruck. Pon�a �Heinrich Hommerding�. Me acuerdo de los p�talos de hortensia secos que ella guardaba en los ceniceros.
    Me acuerdo de mi primer colegio. La mitad de los ni�os �ramos normales y la otra mitad viv�an all� mismo, acogidos en una instituci�n. Llevaban pantalones cortos grises y camisas azules, y eran flacos y pelones. Todos �ramos unos muertos de hambre, pero desde dentro se ve�an esas diferencias.

    En 1970, un pintor norteamericano, Joe Brainard, public� un librito compuesto solamente por p�rrafos cortos que comenzaban todos de la misma forma: �I remember…�. Cada p�rrafo conten�a justo eso, un recuerdo aislado, recuperado al azar de entre la colecci�n de memorias personales y expuesto de forma lac�nica. En 1978, Georges Perec escribi� su propia reuni�n de Je me souviens y de ese modo los hizo c�lebres. Hoy son un ejercicio corriente en los talleres literarios, por ejemplo. Muchos escritores conocidos han incurrido en esta rareza.
    Sin meditarlo, uno escoge el primer recuerdo que le venga, y lo anota. A continuaci�n anota el que le siga, y luego otro, y otro, sin detener casi la mano. Cualquier cosa: una caja de cerillas, el t�tulo de un libro, el color de un sombrero, un amor recordado, una galleta. Lo que se realiza de este modo es un espl�ndido ejercicio de escritura destinada al propio placer y al autoconocimiento. La espontaneidad y la ausencia de ret�rica son fundamentales.
    Como un grifo cerrado largo tiempo, los primeros recuerdos salen a trompicones y a menudo conviene dejarlos correr; despu�s, por misterio, el ejercicio se refuerza solo y aparecen objetos que uno hab�a perdido.
    Por supuesto, no hace falta ser aficionado a la escritura para practicarlo. Yo lo recomiendo con entusiasmo.

    Me acuerdo de una chica que conoc� en un tren nocturno. Me cont� que estudiaba dise�o y ten�a la casa pintada de amarillo, y que era epil�ptica. Estas cosas en los primeros noventa estaban muy bien.
    Me acuerdo de cuando fuimos a despedir a mi padre, que se march� en tren a trabajar. Me encontr� un peine blanco y negro en el suelo de la estaci�n. Un a�o despu�s nos marchamos nosotros tambi�n, pero yo todo eso a�n no lo sab�a.
    Me acuerdo de que mi abuelo se bebi� el aguarr�s porque ten�a la costumbre de guardarlo en una botella de agua de Corconte.
    Me acuerdo de mi prima, dici�ndome �mira qu� cara de velocidad� y ri�ndose.
    Me acuerdo de que un verano se me pusieron malos los o�dos y me dieron una medicina que me volvi� la orina naranja, como Fanta. Los ni�os del barrio hac�an corro para a verme mear.
    Me acuerdo del tren par�ndose en Penthi�vre una tarde
    al final del verano. Me acuerdo de los mejillones con patatas, de las s�banas blancas, frescas. Me acuerdo del viento.
    Me acuerdo de cuando mi madre se compr� su 127 blanco. Ten�a una banda negra en el costado porque era especial.
    Me acuerdo de una vez que mi hermana y yo llor�bamos en su complea�os. Yo le hab�a regalado un jab�n en forma de zueco.

    [Un art�culo estupendo de Juan Bonilla, en su propia p�gina, donde se explica muy bien de qu� va la cosa, junto con otros motivos de agrado que se ver�n al pinchar. Adem�s, creo que vale la pena darse una vuelta por el sitio; a m� Bonilla me gusta:
    http://es.geocities.com/juanbonillaweb/texto.html
    Los Je me souviens de Perec, en franc�s:
    http://www.chez.com/ateldec/00002000/index.html
    Sobre George Perec, en ingl�s. Una rese�a de Je me souviens y enlaces interesantes sobre �l y el Oulipo:
    http://www.complete-review.com/reviews/perecg/jemes.htm
    Sobre Joe Brainard, en ingl�s:
    http://www.findarticles.com/p/articles/mi_m1248/is_n7_v85/ai_19628879]

  • Recuerdo del purgatorio

    El purgatorio existe. Una pared pintada de verde desva�do y una bombilla que apenas alumbra. Una habitaci�n sin ventanas. Un lavabo, una silla, una papelera, un peri�dico manoseado.
    El purgatorio es una habitaci�n de una pensi�n barata, a medianoche, y estar solo.
    El infierno es no salir nunca.

  • Edad

    Palabras, canciones
    placeres de los d�as
    esposas
    madrugadas
    costas desconocidas
    la hermosa raz�n:
    cosechas de la edad adulta
    que el tiempo me trae cada ma�ana.
    El tiempo,
    que se lleva mi vida con dos manos.

  • A veces

    pienso que el destino nos da un poco de ventaja, luego se echa a correr, y nos alcanza enseguida.

  • El abismo y la belleza

    La frase me impresion� por encima de todo cuando vi en el cine A Beautiful Mind (Una mente maravillosa, en la versi�n espa�ola); me la vuelvo a encontrar ahora justo al abrir el libro, en su segundo p�rrafo.
    Este libro es la biograf�a de John Forbes Nash, genio matem�tico y premio N�bel, y tambi�n la de una mente espl�ndida devastada por la locura. Le preguntan a Nash c�mo es posible que alguien como �l, un matem�tico, un hombre entregado a la raz�n y a la demostraci�n l�gica, pueda creer que seres sobrenaturales le env�an mensajes para la salvaci�n del mundo.
    �l calla durante un rato; se queda mirando con fijeza a su interlocutor, �con una mirada tan fr�a y desapasionada como la de un p�jaro o una serpiente�, dice el libro, y por �ltimo responde: �Porque esas ideas sobre seres sobrenaturales me vinieron del mismo modo que mis ideas matem�ticas. As� que me las tom� en serio�.
    Vuelvo a encontrarme esa frase y me impresiona como la primera vez.

  • Luces

    Estas �ltimas vacaciones, a la entrada del oto�o, estuve en la playa, al borde del Cant�brico. Vi que el sol tibio se extingu�a como una candela.
    Luego baj� hacia el Mediterr�neo. Me pareci� que all� la luz del verano no se muere, sino que se transforma en otra cosa.

  • Arte

    Lo fotografió todo, cada cosa. Por último, volvió la cámara lentamente hacia sí mismo y disparó.