Unos folios sobre una mesa de cristal vac�a, y un lapicero Faber-Castell de punta afilada. El grafito rasca sobre el papel blanqu�simo estas letras a las que se oye crujir una por una como los pasos de una persona en un campo de nieve.
Yo hab�a empaquetado el ordenador en �ltimo lugar y en el �ltimo momento. El hombre de la mudanza me avis� desde su m�vil y yo me sent� a esperar junto a las cajas. Estallaron las cinco bombas por Madrid y el hombre de la mudanza me llam� de nuevo dici�ndome que la ciudad entera era un puro atasco, justo a su lado, que nada, que para ma�ana.
As� que aqu� estoy, recordando c�mo escrib�a yo hace tanto tempo, a l�piz, en medio de ese silencio innatural de las habitaciones desnudas.
No todas las casas en las que he vivido ten�an nombre. Esta se llama la Casa de los P�jaros, pero solo la semana pasada he descubierto que mientras yo estaba en el trabajo, por las ma�anas, unos pajaritos blancos y negros ven�an a ba�arse en una bandeja de lat�n llena de agua de riego que hay en la terraza. S� hab�a visto y o�do muchas veces a las urracas, que se paseaban con bastante confianza. Y a las palomas y los gorriones, como es natural.
La Casa de los P�jaros. Hice fotos de lo que se ve�a desde la terraza. A ver si un d�a las traigo.
(Viernes, 3 de diciembre)

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