No existen diccionarios de actos, en donde a cada acto le corresponda un valor. Sabemos que toda acción se completa en su efecto, y así nos resignamos a aceptar que nuestros actos suceden. Del mismo modo, lo que decimos no se entiende en un diccionario. Lo que decimos se lee en sus consecuencias.
Escritores, amantes, oíd: que la palabra consiste en sus consecuencias.

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