El maestro atisba sobre el hombro de los discípulos, se inclina para señalar una línea, susurra una palabra junto a la oreja, camina por la habitación. Cuando los jóvenes se han ido, el maestro recoge despacio los cuadernos abiertos, sopla levemente sobre el papel agarbanzado y la tinta negra desaparece como arena fina.

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