Anteayer me enteré por el periódico de la costumbre de dar tres golpes con un martillo de plata en la frente del Papa que acaba de morir. Esa misma noche, leí en un libro:
A la muerte del papa Clemente XII, el cardenal Chamberlain, según la costumbre, golpeó dos o tres veces la frente de su Santidad, llamándolo por su nombre para asegurarse de que estaba muerto. Después de describir la escena, Chateubriand comenta: «¿Qué habría dicho el cardenal si Clemente XII le hubiera contestado, desde las profundidades de la eternidad: “¿Qué es lo que quieres?”».
El libro es Diario de lecturas, de Alberto Manguel. Al cumplir los 53 años, Manguel decide releer algunos de sus libros preferidos, y en el transcurso de la lectura descubre que aquellas páginas antiguas tienden a establecer relaciones con el brumoso mundo presente: iluminan una noticia del periódico; acompañan un viaje; le embarcan en largos pensamientos. De esas anotaciones está compuesto el libro.
Me recuerda mucho al tono de un blog. No es raro: a fin de cuentas, todo blog fue en su origen un diario de lecturas. Escribe Manguel:
Hoy hemos dado al hijo de los anteriores propietarios de nuestra casa un antiguo capitel de piedra que desenterramos durante la renovación, para que así, en la casa nueva que se está construyendo, tenga un trozo de su espacio infantil.
Lo que me lleva a Jesús, a un comentario suyo sobre mi post anterior. Jesús habla (el comentario se puede leer aquí, durante un tiempo) de cómo habitamos poéticamente el mundo. Sí, con toda naturalidad: esa hermosa operación mágica que efectúa Manguel en su casa a cualquiera de nosotros debe parecernos perfectamente razonable.
Tratábamos de la escritura y la vida, de escribir y que la vida sea. El libro que relee Manguel en el punto por donde anda mi lectura es las Memorias de ultratumba, de Chateubriand. Maravillosamente, escribe Manguel:
Chateubriand, preguntándose si Dios se satisface tanto con la obra de alguien como con su vida, dice sucintamente: «¿A Dios le basta con un libro?».
Por último, esta historia:
Chateubriand cuenta la historia del director espiritual de su hermana, un tal monsieur Livoret, quien, en la noche de su nombramiento, fue visitado por el espíritu del conde de Châteaubourg. El fantasma lo perseguía por todas partes: dentro de su casa, en el bosque, en los campos. Un día, incapaz de soportarlo más, monsieur Livoret se volvió hacia el fantasma y le dijo: «Déjeme tranquilo, caballero de Châteaubourg». El aparecido le respondió lacónicamente: «No».
[Diario de lecturas está en Alianza Editorial (Madrid, 2004). La traducción —del inglés— es de José Luis López Muñoz. Las citas las he sacado, respectivamente, de las páginas 80, 78, 69 y 75.]

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