Avellana: su cuaderno de viaje V

Para que Dios las sepa, en Ramipó los creyentes escriben sus plegarias con tinta negra sobre las paredes del gran templo. Las manos de las generaciones han atestado la piedra, lo que obliga a trazar letras minúsculas de finísimos rasgos entre los renglones, en los espacios, bajo los remates, dentro de los ojales de las letras de los antepasados. Unos monaguillos cabizbajos rellenan los panzudos tinteros de bronce. En las paredes del gran templo de Ramipó está escrita la epopeya de los temores, las penas y los sueños de todo un pueblo. El día que esos muros se vuelvan enteramente negros, del suelo al techo, está mandado que se comience a escribir con letras blancas. Rodeado de las más terribles supersticiones, nadie quiere que ese día llegue.

 

[Avellana: su cuaderno de viaje IV]


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