Aniversarios

ALCALÁ

Un escarabajito negro y dorado se ha quedado quieto al borde de un sendero. Arriba, muy arriba, el cielo azul y blanco de una calmada mañana de gloria. Sopla un poco de aire, que mece las hojas, y una de ellas ensombrece y alumbra al escarabajo, quieto. El vuelo de una cigüeña se refleja en un charco.

Un día como hoy, hace cuatro años, escribí ese pequeño texto. Lo dice mi cuaderno, donde está apuntado, a solas. Era un día laborable, claro, no un domingo como hoy. El año pasado escribí este; y el anterior, por lo visto, este otro. Dos años.

Así pasan las cosas. Ya no vuelvo cada día a Alcalá (me imagino sus mañanas de sol y sus cigüeñas). Me han dicho que el patio del escarabajo ya no existe. En cambio, por alguna razón propia, los textos perduran, lo mismo que la manía de escribir.

Es un placer que vengas a leerlos y que de este modo concluyan, porque una segunda cosa he aprendido en este tiempo: que aquel párrafo de hace cuatro años se ha terminado de escribir ahora, cuando lo has leído. Gracias.


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