En el parque

Tengo una cámara en la mano, pero con una fotografía no puedo contar la verdad de la tarde. Está el espejeo del agua del canal, las sombras inquietas de los árboles, el último sol en la hierba y todas las demás cosas que se ven. Luego las campanas, la grava del sendero, el temblor de las hojas, un pato que grazna como si se riera. Y el olor dulzón de los prados sin lluvia. El soplo del aire, la tibieza de un día del final del verano, la palpitación de mi cuerpo, y mis pensamientos, que van juntos con los otros restos de la tarde. Ese instante de vacío en el mundo cuando un verano se pierde, esa luz de oro. Y está mi carne, mi conciencia.

Como quien pasa a las manos de otro un animal vivo ¿habrá modo de dar eso a una persona?


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