Mes: mayo 2006

  • Dos historias

    Es un hombre que corre, deja atrás el último barrio de la ciudad, la alameda melancólica, los paseantes, los perros, los bosquecillos, las bicicletas, la piedra conmemorativa; que cruza bajo los puentes de la autopista y sigue corriendo por el campo abierto, ahora más ancho.

    El hombre necesita la mitad de sus fuerzas para regresar, pero sigue corriendo pasada la mitad de la carrera, sus espaldas perdiéndose en la distancia; pues este es un hombre que se marcha, y a mí no me es dado seguirlo, esta voz no puede seguirlo, allá a lo lejos.

  • Olor

    Las mujeres tienen olor en el cuello, detrás y a un lado, justo bajo la nuca. Eso es maravilloso. Y también huelen en las sienes, no sé a qué, pero nada hay mejor que meter la nariz en la sien y respirar ahí. Es un perfume mejor que la música.

    Si se guardara en un frasco de cristal y uno lo abriera, ay, Dios, cuando uno esta a solas en casa, qué hermosura, y qué tristeza.

  • Una ocurrencia

    Como la vejez todavía está lejos, lo mismo que el recuerdo de mi niñez, esto se queda por ahora en hipótesis: los viejos y los niños —principio y final— ven claras las cosas esenciales de la vida, que son cuatro o cinco; en esa sencillez elemental está la verdad, y todo lo demás —lo de enmedio—, es retórica.