Un prisionero está sentado en el camastro de una celda sin ventanas. Hay dos puertas idénticas. Una de ellas —no sabe cuál— lleva a una muerte inmediata. La otra conduce a un pasillo de longitud indeterminada en cuyo último recodo también espera la muerte. Si el prisionero se queda quieto, igualmente muere.
Esa es la pregunta.

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