Tres consejos

El otro día me propuso Rosa, la Donna, que colaborase en propagar un meme: tres consejos para ser un buen blogger. Cuando me enteré (porque, a todo esto, en aquel momento yo estaba en la playa) me hizo gracia la idea, ya que me considero desapasionadamente un blogger horrible; tanto, que podría abreviar los tres consejos en uno: no ser como yo (en muchas cosas). Así que he estado pensando en tres virtudes que no haya deshonrado con mi práctica, y me salen estas, que me parece que no están mal:

Crearse un hueco. Es decir: que uno hable de lo que sabe y le gusta y siga su temperamento, en primer lugar; después, que deje a tranquilamente que los lectores afines se vayan aproximando a su página por simpatía, sean dos o doscientos mil.
Si lo tuyo son los gadgets electrónicos, el mundo te escuchará y los reyes te llenarán de oro la boca; si se trata de la afinación de clavecines, pues nada, eso te ha tocado: recuerda que en esta vida se puede ser feliz con poco. No creo que sirva de nada forzar las cosas.
Un extranjero, maravillado, le pregunta a un inglés cómo ha conseguido ese césped perfecto, y el inglés contesta: «Oh, es sencillo: se planta, se deja crecer y se corta cada cierto tiempo durante doscientos años». Más o menos, he ahí el espíritu.

Esto es una conversación, como dice Portorosa. Toda escritura es un diálogo: eso, que de modo general se puede considerar una verdad metafórica, en el caso del blog es literalmente cierto: constituye su sentido. No creo que sea un blog un sitio donde la voz de un narrador se dirige a unas personas que lo leen, y ya. Será alguna variante de prosa por entregas, pero no un blog. Ni siquiera hace falta contestar los comentarios uno por uno: basta con que se vea que el blog escucha.

Y luego, una cosa complicada que me cuesta explicar y que yo llamaría algo así como escribir dando. Contaba Monterroso de cierto escritor que al llegar a un país sudamericano, cuando el presidente de la república le preguntó: «¿Y qué mensaje nos trae el gran novelista?», él respondió: «Señor Presidente: yo no traigo mensaje; traigo una factura». Pues algo así. Hay escritores que en vez de un mensaje parece que te traen un albarán.
Cómo lo diría yo: hay escritores que parecen escribir pidiendo; transmiten la sensación de que el lector les debe algo, sea admiración, compasión, una expiación o una culpa. Su escritura reclama del lector una desazón deudora que en la literatura general no es incompatible con el éxito, pero que a mí me parece desastrosa en esto de los blogs, entre otras cosas porque la lectura de un blog —y esta es otra pecularidad del género— no es obligatoria (lo que no puede decirse de buena parte de la literatura general).
Lo contrario es escribir dando. Que después de leer a uno acabes sintiendo que ha intentado darte algo que era suyo y que antes no tenías. Incluso aunque entre medias se haya comportado como un comisario, un quejica o un presumido.
(Donde digo escritores quiero decir gente que escribe; y con literatura general me refiero a cualquier cosa que se comunique por escrito: periódicos, novelas o prospectos de medicinas).

[La donna è mobile:
http://la_mobile.blogia.com/
Un hombre sentado en una silla:
http://unhombresentadoenunasilla.blogspot.com/
Augusto Monterroso, Scorza en París:
http://www.abanico.org.ar/2006/03/monterroso.letrae.htm]


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