Septiembre II

En esta cala las sombras de la noche caen despacio y mansas como si fuesen del aire, quizá porque no hay otra luz ni otro ruido que el crepúsculo y la calma oscura del agua.

Por el centro de la cala entra un barco pequeño, muy lento, pegado a la línea de boyas que marcan la canal. De pie en la proa va un muchacho de pantalones cortos y camisa oscura, inclinado con toda su atención sobre el agua; detrás, llevando el barco, un hombre mayor con el torso desnudo.

El barco recorre la cala como una hoja de seda. Yo miro a los dos hombres desde la orilla y pienso que no puede haber en el mundo una felicidad mayor.

 

[Septiembre]


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