marzo 2010   (1 post)

Obras

Para acabar de arreglar el edificio tenían que entrar en mi casa y hacer obras en la terraza y el baño, no había más remedio. Así que guardé en mi dormitorio las macetas de la terraza, despejé el cuarto de baño, le dejé las llaves de mi casa al capataz y me fui a pasar la noche fuera.


A la tarde siguiente me acerco por allí al salir del trabajo y me encuentro con que la obra es mucho mayor de lo que yo me figuraba, o de lo que ellos me habían dicho; una capa de cemento y polvo de ladrillo cubre los papeles y los libros. Me cuenta el fontanero que al picar el muro del baño han sacado un periódico de julio de 1964, en el que hablan del gol de Marcelino en aquella Eurocopa. Parte de la bajante que han sustituido era de zinc, y, según parece, se metían papeles, o se meten, para evitar que el yeso –capaz de atacarlo– tocase el zinc.


Antes de volver a irme me encierro en mi dormitorio con una taza de café en la mano. He cogido ropa como para una semana. Me fumaría un cigarrillo con el café, sentado al borde de la cama, pero ya no fumo. La casa de uno en obras, patas arriba, es como contemplar el trastorno de la vida de uno. Por otro lado, al agujerear una pared han sacado un periódico del mes exacto de mi nacimiento y en mi dormitorio estoy viendo un cerezo florecido. He aquí, me digo, una pequeña imagen de la vida, entre la conmoción y la esperanza, uno no sabe.

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