enero 2015   (2 post)

Una sola luz

En lo profundo del invierno, el mundo parece muerto. Pero las hojas saben volver, como si tuviesen una brújula para internarse en la áspera noche y regresar con la primera luz.

Ellas se abrirán, y pronto. Se echa de ver por señales menudas. 

Y yo, ¿por qué yo no he de volver?

Vedme aquí, sentado junto a una rama desnuda, preguntándome lo mismo que cada hombre desde el principio del tiempo.

Me lo pregunto de corazón; y sin embargo, parece que estuviese representando un rito. Así veo que se sucede mi vida: cumpliendo los hechos de un destino común y consabido, como si se tratase de la secuencia de aterrizaje de una sonda espacial o los actos de una obra de teatro.

A Macbeth le habían profetizado que nada le ocurriría a menos que el bosque de Birnam subiese a la colina de Dunsinane. Y eso fue lo que pasó: que el bosque anduvo, de una manera imposible de imaginar.

Y así —no lo digo por queja, sino con maravilla— mi vida: ocurre lo esperado, incluso si el argumento debe seguir un curso perfectamente inesperado.

 

[Soles occidere et redire possunt; / nobis cum semel brevis lux occisus est / nox est perpetua et una dormienda. «Los soles pueden ocultarse y aparecer de nuevo: nosotros, cuando nuestra breve luz se oculta, hemos de dormir una noche perpetua» (Cayo Valerio Catulo, carmen V).]

Libertad

Los españoles odian tanto la libertad como aman el desorden.

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